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Cornago

El barranco de Los Cayos es uno de los parajes cuyos afloramientos con huellas de dinosaurios ha despertado mayor interés. Si a eso se une un acceso sencillo, no es de extrañar que este yacimiento sea uno de los más visitados de toda La Rioja.

El acceso al Barranco de Los Cayos se realiza siguiendo una pista asfaltada, situada a la izquierda de la carretera de Arnedo a Cornago, a unos 2 kilómetros de esta localidad y al pie de una gran loma desde la cual se inicia el descenso al pueblo (está señalizado en la carretera).

LOS DINOSAURIOS EN CORNAGO

Los dinosaurios responsables de las icnitas que se pueden observar en los yacimientos de Cornago, vivieron a principios del Cretácico Inferior, hace unos 140 millones de años.

Las rocas y los fósiles nos descubren que, en aquel momento, es esta zona de la Península Ibérica se instalaba un sistema de lagos (asociados a un gran río), en el que eran abundantes las coníferas y los helechos, y donde habitaban peces, cocodrilos, tortugas y otros animales invertebrados.

Pero sin duda los habitantes más abundantes de aquellos ecosistemas eran los dinosaurios y los reptiles voladores (pterosaurios).

Y fueron ellos quienes, mientras se desplazaban por las húmedas orillas de estos lagos, dejaron impresas las huellas que, tras su fosilización, han llegado a nuestros días como testigos de su existencia. Huellas dispuestas a hacernos las más sorprendentes revelaciones sobre su comportamiento y costumbres.

YACIMIENTO DE LOS CAYOS

LOS 5 AFLORAMIENTOS

Los Cayos "A"

Es un estrato que aflora en una superficie aproximada de unos 1.200 metros cuadrados, con una longitud de unos 80 metros y una anchura de unos 15 metros. Las icnitas están en general muy bien impresas en el sedimento. Hay ejemplares que presentan incluso hasta 10 centímetros de profundidad. En todos los casos se trata de moldes cóncavos, alguno de los cuales mantienen en su interior el sedimento de relleno.

Los Cayos "B"

Tiene dos niveles principales. El nivel 1 ocupa prácticamente la totalidad del afloramiento y, en una superficie de unos 450 metros cuadrados, se han catalogado un total de 230 icnitas, de las cuales 69 constituyen 10 rastros.

El nivel 2 aflora fundamentalmente en la parte superior derecha del yacimiento, siendo una roca más azulada. En este se pueden observar igualmente icnitas de terópodos de varios tamaños con distintas orientaciones.

Los Cayos "C”

El yacimiento es muy poco extenso, unos 12 metros cuadrados, sin embargo, es muy rico en icnitas de pequeña talla. En su superficie se han cartografiado 15 icnitas tridáctilas de dinosaurios, cuatro de las cuales constituyen un rastro, y 58 icnitas de menor tamaño.

Los Cayos "D”

Situado a unos 200 metros del anterior, consiste en un nivel de arenisca de grano más grueso, alternamente dinotrubado, con gran cantidad de huellas de dinosaurio. Las icnitas son grandes y tridáctilas con un estado de preservación muy deficiente. La morfología sugiere que han sido producidas por ornitópodos iguanodóntidos.

Los Cayos "E”

Existen 9 icnitas de dinosaurios terópodos de pequeña talla,

de unos 15 a 17 centímetros de longitud. Si bien todas las icnitas llevan un sentido relativamente común de progresión, no existen rastros claramente definidos. Los dedos son largos y delgados, con una superficie plantar estrecha y elongada. La forma se parece mucho a las icnitas de terópodos de Los Cayos "C", es decir, Tipo T2 (Therangospodus).

Cornago

El barranco de Los Cayos es uno de los parajes cuyos afloramientos con huellas de dinosaurios ha despertado mayor interés. Si a eso se une un acceso sencillo, no es de extrañar que este yacimiento sea uno de los más visitados de toda La Rioja.

El acceso al Barranco de Los Cayos se realiza siguiendo una pista asfaltada, situada a la izquierda de la carretera de Arnedo a Cornago, a unos 2 kilómetros de esta localidad y al pie de una gran loma desde la cual se inicia el descenso al pueblo (está señalizado en la carretera).

LOS DINOSAURIOS EN CORNAGO

Los dinosaurios responsables de las icnitas que se pueden observar en los yacimientos de Cornago, vivieron a principios del Cretácico Inferior, hace unos 140 millones de años.

Las rocas y los fósiles nos descubren que, en aquel momento, es esta zona de la Península Ibérica se instalaba un sistema de lagos (asociados a un gran río), en el que eran abundantes las coníferas y los helechos, y donde habitaban peces, cocodrilos, tortugas y otros animales invertebrados.

Pero sin duda los habitantes más abundantes de aquellos ecosistemas eran los dinosaurios y los reptiles voladores (pterosaurios).

Y fueron ellos quienes, mientras se desplazaban por las húmedas orillas de estos lagos, dejaron impresas las huellas que, tras su fosilización, han llegado a nuestros días como testigos de su existencia. Huellas dispuestas a hacernos las más sorprendentes revelaciones sobre su comportamiento y costumbres.

YACIMIENTO DE LOS CAYOS

LOS 5 AFLORAMIENTOS

Los Cayos "A"

Es un estrato que aflora en una superficie aproximada de unos 1.200 metros cuadrados, con una longitud de unos 80 metros y una anchura de unos 15 metros. Las icnitas están en general muy bien impresas en el sedimento. Hay ejemplares que presentan incluso hasta 10 centímetros de profundidad. En todos los casos se trata de moldes cóncavos, alguno de los cuales mantienen en su interior el sedimento de relleno.

Los Cayos "B"

Tiene dos niveles principales. El nivel 1 ocupa prácticamente la totalidad del afloramiento y, en una superficie de unos 450 metros cuadrados, se han catalogado un total de 230 icnitas, de las cuales 69 constituyen 10 rastros.

El nivel 2 aflora fundamentalmente en la parte superior derecha del yacimiento, siendo una roca más azulada. En este se pueden observar igualmente icnitas de terópodos de varios tamaños con distintas orientaciones.

Los Cayos "C”

El yacimiento es muy poco extenso, unos 12 metros cuadrados, sin embargo, es muy rico en icnitas de pequeña talla. En su superficie se han cartografiado 15 icnitas tridáctilas de dinosaurios, cuatro de las cuales constituyen un rastro, y 58 icnitas de menor tamaño.

Los Cayos "D”

Situado a unos 200 metros del anterior, consiste en un nivel de arenisca de grano más grueso, alternamente dinotrubado, con gran cantidad de huellas de dinosaurio. Las icnitas son grandes y tridáctilas con un estado de preservación muy deficiente. La morfología sugiere que han sido producidas por ornitópodos iguanodóntidos.

Los Cayos "E”

Existen 9 icnitas de dinosaurios terópodos de pequeña talla,

de unos 15 a 17 centímetros de longitud. Si bien todas las icnitas llevan un sentido relativamente común de progresión, no existen rastros claramente definidos. Los dedos son largos y delgados, con una superficie plantar estrecha y elongada. La forma se parece mucho a las icnitas de terópodos de Los Cayos "C", es decir, Tipo T2 (Therangospodus).

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Cornago

Se trata de una fortaleza que quizá sea de finales del siglo XIII, aunque es más que probable que existiera un castillo anterior como parecen atestiguar algunos paredones de peor fábrica que el resto de la fortaleza que todavía se conservan. No podemos olvidar que esta fue tierra de frontera entre árabes y cristianos y que en este enclave jugaba un papel estratégico en la defensa del valle del Ebro, del mismo modo que, posteriormente, y ya con la presencia del castillo actual, lo fue entre los reinos de Aragón, Navarra y Castilla.

Se trata de un edificio complejo con cuatro torres construido con sillería, sillarejo y ladrillo. Posee dos muros, el exterior, que rodea la iglesia, pudo corresponderse con el antiguo albacar, es decir, el espacio destinado a refugio de la población en caso de guerra. A este espacio se accede por el denominado Arco de la Campanilla.

Las cuatro torres que rodean el castillo son diferentes, tres circulares de distintos tamaños y una, la del este, cuadrada; solo una conserva las almenas. En la actualidad existe un acceso para poder subir a las torres.

La puerta principal se defendía desde las torres que la flanquean y desde el adarve (nombre que se le da al camino que se encuentra en lo alto de la muralla; también nombre que se da a los muros de la fortaleza). En el interior se pueden observar los agujeros que soportaban vigas de pisos superiores (llamados mechinales) hoy desaparecidos, y que nos indican que el castillo estaba adaptado también como lugar de residencia. Se conoce la ubicación de los dormitorios y las cocinas; también la existencia de una bodega, un silo y un pozo.

El castillo ha estado relacionado con el linaje de los Luna, que fueron señores de la villa del siglo XIV al siglo XVI. El fundador del linaje parece ser D. Bocalla de Luna, relacionado con la casa Real de Navarra, quien tomó el nombre de la conquista de la localidad aragonesa de Luna, falleciendo en Huesca en 1094.

El primer señor de la villa fue Juan Martínez de Luna, hermano del “Papa Luna” aunque no se puede descartar que el castillo estuviera ya levantado (al menos una buena parte) antes de que los Luna se asentaran en la zona. La familia recibe este patrimonio por voluntad del Rey Enrique como reconocimiento a su lealtad y apoyo tras la derrota de sus armas en la batalla de Nájera. Sin embargo, la familia perdería poco después parte de estas posesiones.

Sin duda, persona de gran importancia para la zona y para la historia del castillo fue D. Álvaro de Luna, a quien el Rey Juan II concedió como regalo de bodas Cornago, junto con otros lugares próximos que habían sido propiedad de su padre. Siendo señor de Cornago y Jubera concedería exenciones de tributos a los que acudieran a vivir a esta villa y, muy probablemente, influyó de forma importante en Juan II para que firmara la concesión del Fuero de Cornago en 1545.

Don Álvaro llegaría a ser Condestable de Castilla y dejó como herencia el mayorazgo de Cornago a su hija María de Luna y su marido, quienes a su vez se lo transmitieron a sus hijos. No obstante, la situación económica de la familia no era buena y se vieron obligados a empeñar parte de sus posesiones al Conde de Aguilar, aunque siguieron residiendo en el castillo hasta el siglo XVII en que se abandona. 

Época: siglos XIV y XV
Propiedad: municipal

Visitable: sí, consultar: http://www.cornago.org/El-castillo-de-Cornago.1651.0.html

Cornago

Se trata de una fortaleza que quizá sea de finales del siglo XIII, aunque es más que probable que existiera un castillo anterior como parecen atestiguar algunos paredones de peor fábrica que el resto de la fortaleza que todavía se conservan. No podemos olvidar que esta fue tierra de frontera entre árabes y cristianos y que en este enclave jugaba un papel estratégico en la defensa del valle del Ebro, del mismo modo que, posteriormente, y ya con la presencia del castillo actual, lo fue entre los reinos de Aragón, Navarra y Castilla.

Se trata de un edificio complejo con cuatro torres construido con sillería, sillarejo y ladrillo. Posee dos muros, el exterior, que rodea la iglesia, pudo corresponderse con el antiguo albacar, es decir, el espacio destinado a refugio de la población en caso de guerra. A este espacio se accede por el denominado Arco de la Campanilla.

Las cuatro torres que rodean el castillo son diferentes, tres circulares de distintos tamaños y una, la del este, cuadrada; solo una conserva las almenas. En la actualidad existe un acceso para poder subir a las torres.

La puerta principal se defendía desde las torres que la flanquean y desde el adarve (nombre que se le da al camino que se encuentra en lo alto de la muralla; también nombre que se da a los muros de la fortaleza). En el interior se pueden observar los agujeros que soportaban vigas de pisos superiores (llamados mechinales) hoy desaparecidos, y que nos indican que el castillo estaba adaptado también como lugar de residencia. Se conoce la ubicación de los dormitorios y las cocinas; también la existencia de una bodega, un silo y un pozo.

El castillo ha estado relacionado con el linaje de los Luna, que fueron señores de la villa del siglo XIV al siglo XVI. El fundador del linaje parece ser D. Bocalla de Luna, relacionado con la casa Real de Navarra, quien tomó el nombre de la conquista de la localidad aragonesa de Luna, falleciendo en Huesca en 1094.

El primer señor de la villa fue Juan Martínez de Luna, hermano del “Papa Luna” aunque no se puede descartar que el castillo estuviera ya levantado (al menos una buena parte) antes de que los Luna se asentaran en la zona. La familia recibe este patrimonio por voluntad del Rey Enrique como reconocimiento a su lealtad y apoyo tras la derrota de sus armas en la batalla de Nájera. Sin embargo, la familia perdería poco después parte de estas posesiones.

Sin duda, persona de gran importancia para la zona y para la historia del castillo fue D. Álvaro de Luna, a quien el Rey Juan II concedió como regalo de bodas Cornago, junto con otros lugares próximos que habían sido propiedad de su padre. Siendo señor de Cornago y Jubera concedería exenciones de tributos a los que acudieran a vivir a esta villa y, muy probablemente, influyó de forma importante en Juan II para que firmara la concesión del Fuero de Cornago en 1545.

Don Álvaro llegaría a ser Condestable de Castilla y dejó como herencia el mayorazgo de Cornago a su hija María de Luna y su marido, quienes a su vez se lo transmitieron a sus hijos. No obstante, la situación económica de la familia no era buena y se vieron obligados a empeñar parte de sus posesiones al Conde de Aguilar, aunque siguieron residiendo en el castillo hasta el siglo XVII en que se abandona. 

Época: siglos XIV y XV
Propiedad: municipal

Visitable: sí, consultar: http://www.cornago.org/El-castillo-de-Cornago.1651.0.html

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Cornago

En Julio de 2013 se inauguró en Cornago el Centro de Interpretación del Castillo de la Luna, enmarcado dentro del Plan de Competitividad Turística La Senda Termal en la Reserva de la Biosfera de La Rioja”.

Con esta actuación se da continuidad al eje histórico que lleva al visitante desde el S.IV a. C. en Contrebia Leucade, hasta prácticamente el S.XVI d.C.

A través de los sucesivos castillos de Cornago se presentan hechos relevantes de nuestra historia, que van desde el final de los reinos visigodos, la invasión árabe de la Península Ibérica y la reconquista, con Cornago como territorio fronterizo entre los reinos de Pamplona, Aragón y Castilla, hasta el Cisma de Occidente a través del Papa Luna, o la unificación del territorio peninsular con las coronas de Castilla y León con los Reyes Católicos.

Todo el planteamiento museográfico del Centro de Interpretación ha sido cohesionado mediante la Luna como hilo conductor que da nombre al Centro, un elemento común que pone en valor el relato histórico de Cornago.

La media luna islámica como símbolo de la dominación árabe del territorio a través de la dinastía de los Banu Qasi, cuyo origen se remonta al noble visigodo Cassio.

La luna como símbolo de los señores de Cornago: Los Luna, con Álvaro de Luna -condestable de Castilla, en tiempos de Juan II-, como figura más representativa.

La Luna como elemento del cielo de Cornago, enmarcado dentro de la Certificación Star-light de la Reserva de la Biosfera.

La visita se estructura a través de cuatro espacios diferenciados temáticamente:

La Sala I arranca con los reinos visigodos y la situación de la península antes de la invasión musulmana. De aquí emerge la figura del Conde Cassio, noble visigodo convertido al islam en el 714, de cuya extirpe surge la temible dinastía de los Banu Qasi (los hijos de Cassio), muladíes que dominaron el valle medio del Ebro durante cerca de tres siglos, con la figura destacada de

Musa Ibn Musa, más conocido por el sobrenombre de “El Moro Muza”, emparentado con Iñigo de Arista, primer rey de Pamplona.

Esta sala termina con la Batalla de Clavijo, su leyenda y el origen de las peregrinaciones a Santiago, un camino guiado por las estrellas que bien pueden verse desde el cielo en Cornago.

La Sala II presenta la Reconquista, como una lucha de religiones: La Guerra Santa Islámica frente a las cruzadas cristianas. En todo este tiempo Cornago se sitúa en el epicentro de la formación de los reinos cristianos, siendo inicialmente dependiente del reino de Pamplona para pasar a ser anexionado al reino de Aragón por Alfonso I, el Batallador, hasta su compra definitiva por el reino de Castilla por parte de Alfonso XI, a principios del siglo XIV.

La sala está presidida por una maqueta del Castillo de Cornago en la que se recrea la vida que se hacía en su interior.

La familia de los Luna, propietarios de estas tierras y del Castillo desde que el rey Enrique se la cediera a Don Juan Martínez de Luna y Gotor, es la protagonista de la Sala III.

Sala III:

En ella se cuenta no sólo la historia de esta familia con D. Álvaro de Luna, condestable de Castilla en tiempos de Juan II y su hija, María de Luna -primera en utilizar el Castillo con un propósito residencial-, sino también el Cisma de Occidente, encarnado en la figura de D. Pedro de Luna, más conocido como Benedicto XIII, el “Papa Luna”, quien “se mantuvo en sus trece” (de aquí surge la expresión), en su Castillo de Peñíscola tras la resolución del conflicto.

Sala IV

La vida en el castillo se nos muestra en la Sala IV, a través de una mirada etnográfica de las formas de vida y la doble función del castillo: como espacio de relación social y como bastión defensivo de un territorio. De esta manera nos aproximamos al modelo de vida feudal y su evolución hasta la edad moderna. Así mismo, vemos la evolución arqueológica del Castillo de Cornago desde su primera construcción como torre defensiva en la marca norte islámica, en el siglo VIII, aproximadamente, hasta su remodelación como palacio en el s.XVI.

Este centro de interpretación pretende que el visitante, a parte de un conocimiento y una experiencia, se lleve en su interior la constatación de que la historia se le transmite es parte de su propia historia y, por lo tanto, le pertenece. Un centro que busca esencialmente que los visitantes descubran una parte de sí mismos en las piedras del castillo, que posteriormente se recomienda visitar. De esta manera se obtiene una experiencia única y personal combinada con la visita al centro de interpretación. 

Cornago

En Julio de 2013 se inauguró en Cornago el Centro de Interpretación del Castillo de la Luna, enmarcado dentro del Plan de Competitividad Turística La Senda Termal en la Reserva de la Biosfera de La Rioja”.

Con esta actuación se da continuidad al eje histórico que lleva al visitante desde el S.IV a. C. en Contrebia Leucade, hasta prácticamente el S.XVI d.C.

A través de los sucesivos castillos de Cornago se presentan hechos relevantes de nuestra historia, que van desde el final de los reinos visigodos, la invasión árabe de la Península Ibérica y la reconquista, con Cornago como territorio fronterizo entre los reinos de Pamplona, Aragón y Castilla, hasta el Cisma de Occidente a través del Papa Luna, o la unificación del territorio peninsular con las coronas de Castilla y León con los Reyes Católicos.

Todo el planteamiento museográfico del Centro de Interpretación ha sido cohesionado mediante la Luna como hilo conductor que da nombre al Centro, un elemento común que pone en valor el relato histórico de Cornago.

La media luna islámica como símbolo de la dominación árabe del territorio a través de la dinastía de los Banu Qasi, cuyo origen se remonta al noble visigodo Cassio.

La luna como símbolo de los señores de Cornago: Los Luna, con Álvaro de Luna -condestable de Castilla, en tiempos de Juan II-, como figura más representativa.

La Luna como elemento del cielo de Cornago, enmarcado dentro de la Certificación Star-light de la Reserva de la Biosfera.

La visita se estructura a través de cuatro espacios diferenciados temáticamente:

La Sala I arranca con los reinos visigodos y la situación de la península antes de la invasión musulmana. De aquí emerge la figura del Conde Cassio, noble visigodo convertido al islam en el 714, de cuya extirpe surge la temible dinastía de los Banu Qasi (los hijos de Cassio), muladíes que dominaron el valle medio del Ebro durante cerca de tres siglos, con la figura destacada de

Musa Ibn Musa, más conocido por el sobrenombre de “El Moro Muza”, emparentado con Iñigo de Arista, primer rey de Pamplona.

Esta sala termina con la Batalla de Clavijo, su leyenda y el origen de las peregrinaciones a Santiago, un camino guiado por las estrellas que bien pueden verse desde el cielo en Cornago.

La Sala II presenta la Reconquista, como una lucha de religiones: La Guerra Santa Islámica frente a las cruzadas cristianas. En todo este tiempo Cornago se sitúa en el epicentro de la formación de los reinos cristianos, siendo inicialmente dependiente del reino de Pamplona para pasar a ser anexionado al reino de Aragón por Alfonso I, el Batallador, hasta su compra definitiva por el reino de Castilla por parte de Alfonso XI, a principios del siglo XIV.

La sala está presidida por una maqueta del Castillo de Cornago en la que se recrea la vida que se hacía en su interior.

La familia de los Luna, propietarios de estas tierras y del Castillo desde que el rey Enrique se la cediera a Don Juan Martínez de Luna y Gotor, es la protagonista de la Sala III.

Sala III:

En ella se cuenta no sólo la historia de esta familia con D. Álvaro de Luna, condestable de Castilla en tiempos de Juan II y su hija, María de Luna -primera en utilizar el Castillo con un propósito residencial-, sino también el Cisma de Occidente, encarnado en la figura de D. Pedro de Luna, más conocido como Benedicto XIII, el “Papa Luna”, quien “se mantuvo en sus trece” (de aquí surge la expresión), en su Castillo de Peñíscola tras la resolución del conflicto.

Sala IV

La vida en el castillo se nos muestra en la Sala IV, a través de una mirada etnográfica de las formas de vida y la doble función del castillo: como espacio de relación social y como bastión defensivo de un territorio. De esta manera nos aproximamos al modelo de vida feudal y su evolución hasta la edad moderna. Así mismo, vemos la evolución arqueológica del Castillo de Cornago desde su primera construcción como torre defensiva en la marca norte islámica, en el siglo VIII, aproximadamente, hasta su remodelación como palacio en el s.XVI.

Este centro de interpretación pretende que el visitante, a parte de un conocimiento y una experiencia, se lleve en su interior la constatación de que la historia se le transmite es parte de su propia historia y, por lo tanto, le pertenece. Un centro que busca esencialmente que los visitantes descubran una parte de sí mismos en las piedras del castillo, que posteriormente se recomienda visitar. De esta manera se obtiene una experiencia única y personal combinada con la visita al centro de interpretación. 

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05/02/2018

Cornago

05/02/2018

31/12/2018

Cornago

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