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Haro

Desde hace mucho tiempo, las mujeres y hombres de Haro han estado vinculados a las tareas y faenas de la viticultura y de la elaboración del vino, en un territorio donde el viñedo es el cultivo por excelencia. 

En el recorrido de este museo al aire libre, se pueden contemplar diferentes esculturas de oficios tradicionales, artesanos y artísticos, con los que se reconoce el trabajo, en algunos casos ya desaparecido, de muchas personas que vivieron y trabajaron en Haro y en La Rioja Alta.

Alpargatero (Anselmo Iglesias Poli, 2009)

A la sombra de las importantes fabricas de alpargatas que existían en Haro, un considerable número de vecinos también se dedicaba a su confección a pequeña escala. Estos artesanos, que solían instalarse en enclaves protegidos de las inclemencias del tiempo, utilizaban para su trabajo una pequeña mesa , con asiento incorporado, en la que sobresalía un pivote de madera, donde se apoyaba la suela de esparto para aplicar, con una lezna o un punzón, un fuerte cosido con hilaza de yute. El resto de utensilios, las tijeras y una aguja más fina, les servía para cortar la tela y rematar su cosido a la suela. El gremio de alpargateros tuvo un importante peso en la ciudad hasta casi mediado el siglo XX, siendo varias y sonadas las huelgas que organizaron en defensa de sus derechos.

Embotellador / Encorchador (Teodoro Antonio Ruiz, 2009)

Llegado el momento en que el vino debía abandonar la barrica y ocupar la botella para conseguir su optima finura antes de la comercialización, dos relevantes tareas recaían en los empleados con más experiencia de la bodega. Una era el embotellado, en la época que lo ordenaba el maestro bodeguero, para evitar cualquier tipo de decantación, teniendo muy en cuenta el nivel de líquido envasado, ya que la segunda consistía en el encorchado, que, con el fin de evitar mermas y pérdidas de tiempo, necesitaba la uniformidad y meticulosa mesura de la primera. Trabajos que, en aquellos años, conllevaba permanecer en postura sedente, durante muchas horas, en banquetas que realmente no destacaban por su comodidad.

Hortelana (Ángel Gil Cuevas, 2009)

Desde tiempos inmemoriales, y para complementar los ingresos producidos por el trabajo en la bodega, numerosas huellas eran explotadas por los lugareños. Sus productos eran de primerísima calidad y se traían para su venta, por hortelanas que se aposentaban en este lugar del casco urbano donde existieron plaza de abastos y todavía hoy se celebra el mercado al aire libre. Estas mujeres, como la que observamos en esta escultura, siempre fueron las genuinas representantes de la Plaza de la verdura, así denominada a comienzos del siglo XX. Llegaron a ser tan apreciadas y consideradas que se convirtieron en las protagonistas de un sainete localista titulado “Vega la Jarrera”.

Vinatero (Anselmo Iglesias Poli, 2009)

Faltaban algo más de dos décadas para la finalización del siglo XIX,cuando un apreciable número de comerciantes al por menor y pequeños productores de vino, aprovechando la escasez de tabernas, instalaron sus despachos o tiendas en el portal de sus viviendas, esquinas y pasos estratégicos de la localidad. Sus herramientas de trabajo eran escasas y sencillas como garrafones donde trasportaban el vino y un embudo para su transvase e la botella, si es que el cliente así lo deseaba, en vez de consumir el clásico jarrillo. Estos improvisados taberneros contaron con la competencia de numerosas vendedoras de vino que se distribuían por el casco antiguo, hoy La Herradura, ofreciendo su producto también en pequeños jarros de barro. Costumbre que había arraigado de tal forma en los harenses que, en no mucho tiempo, serían bautizados, por los forasteros, con el topónimo de. “Jarreros”.

Botero (Ángel Gil Cuevas, 2009)

La necesidad del recipiente para el transporte de líquidos, especialmente vino y aceite, supuso, ya hace muchos siglos, la aparición de los odreros, artesanos que trabajaban, preferentemente, la piel de la cabra para la fabricación de odres, más conocidos en nuestra zona como pellejos de vino. La incursión de los bodegueros franceses en nuestra comarca impulso la utilización de barricas para el transporte de vino, por lo que durante la segunda mitad del siglo XIX los toneleros desplazaran a los odreros quienes pasaron a ser más conocidos como boteros, ya que su actividad se especializo en la fabricación de la típica bota de piel imprescindible en cualquier fiesta o romería.

Tonelero (Cándido Pazos, 2009)

Ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, la tonelería, oficio que había llegado de la mano de los bodegueros bordeleses que se asentaron en nuestra población, adquirió extraordinaria importancia, ya que la barrica de 220 litros fue el recipiente preferido para el transporte de vino. Durante muchos años este trabajo tuvo tanta demanda que, al no ser suficientes los toneleros harenses para producir las barricas necesarias, hizo que numerosos carpinteros de ribera de los puertos de Bermeo, Lekeitio, Ondarroa.. acudiera a nuestra villa para acomodarse en oficio tan bien remunerado. Tal profusión de toneleros creo un ambiente espectacular, tanto visual, por los vivos fuegos que se dejaban ver domando las duelas, como económico, ya que algunos de ellos alardeaban de tal forma de sus ingresos que incluso llegarían a encender los habanos con billetes de papel moneda.

Músico (Teodoro Antonio Ruiz, 2009)

La bonanza económica generada por el precio del vino incrementó la necesidad cultural de gran parte de la población, siendo, sin duda, las artes musicales la más solicitadas. Este elegante músico que toca la trompa parece entresacado de alguna de las bandas de música harenses que, perfectamente organizadas y vestidas, se hacían oír desde 1840. eran los músicos de la milicia del batallón de Haro, dirigidos por D. Gabriel Rivera, quienes, a finales de mayo de 1842, interpretaban los pasacalles que anunciaban la inauguración del Coliseo Municipal, hoy Teatro Bretón de los Herreros, que podemos contemplar a escasos metros.

 

Haro

Desde hace mucho tiempo, las mujeres y hombres de Haro han estado vinculados a las tareas y faenas de la viticultura y de la elaboración del vino, en un territorio donde el viñedo es el cultivo por excelencia. 

En el recorrido de este museo al aire libre, se pueden contemplar diferentes esculturas de oficios tradicionales, artesanos y artísticos, con los que se reconoce el trabajo, en algunos casos ya desaparecido, de muchas personas que vivieron y trabajaron en Haro y en La Rioja Alta.

Alpargatero (Anselmo Iglesias Poli, 2009)

A la sombra de las importantes fabricas de alpargatas que existían en Haro, un considerable número de vecinos también se dedicaba a su confección a pequeña escala. Estos artesanos, que solían instalarse en enclaves protegidos de las inclemencias del tiempo, utilizaban para su trabajo una pequeña mesa , con asiento incorporado, en la que sobresalía un pivote de madera, donde se apoyaba la suela de esparto para aplicar, con una lezna o un punzón, un fuerte cosido con hilaza de yute. El resto de utensilios, las tijeras y una aguja más fina, les servía para cortar la tela y rematar su cosido a la suela. El gremio de alpargateros tuvo un importante peso en la ciudad hasta casi mediado el siglo XX, siendo varias y sonadas las huelgas que organizaron en defensa de sus derechos.

Embotellador / Encorchador (Teodoro Antonio Ruiz, 2009)

Llegado el momento en que el vino debía abandonar la barrica y ocupar la botella para conseguir su optima finura antes de la comercialización, dos relevantes tareas recaían en los empleados con más experiencia de la bodega. Una era el embotellado, en la época que lo ordenaba el maestro bodeguero, para evitar cualquier tipo de decantación, teniendo muy en cuenta el nivel de líquido envasado, ya que la segunda consistía en el encorchado, que, con el fin de evitar mermas y pérdidas de tiempo, necesitaba la uniformidad y meticulosa mesura de la primera. Trabajos que, en aquellos años, conllevaba permanecer en postura sedente, durante muchas horas, en banquetas que realmente no destacaban por su comodidad.

Hortelana (Ángel Gil Cuevas, 2009)

Desde tiempos inmemoriales, y para complementar los ingresos producidos por el trabajo en la bodega, numerosas huellas eran explotadas por los lugareños. Sus productos eran de primerísima calidad y se traían para su venta, por hortelanas que se aposentaban en este lugar del casco urbano donde existieron plaza de abastos y todavía hoy se celebra el mercado al aire libre. Estas mujeres, como la que observamos en esta escultura, siempre fueron las genuinas representantes de la Plaza de la verdura, así denominada a comienzos del siglo XX. Llegaron a ser tan apreciadas y consideradas que se convirtieron en las protagonistas de un sainete localista titulado “Vega la Jarrera”.

Vinatero (Anselmo Iglesias Poli, 2009)

Faltaban algo más de dos décadas para la finalización del siglo XIX,cuando un apreciable número de comerciantes al por menor y pequeños productores de vino, aprovechando la escasez de tabernas, instalaron sus despachos o tiendas en el portal de sus viviendas, esquinas y pasos estratégicos de la localidad. Sus herramientas de trabajo eran escasas y sencillas como garrafones donde trasportaban el vino y un embudo para su transvase e la botella, si es que el cliente así lo deseaba, en vez de consumir el clásico jarrillo. Estos improvisados taberneros contaron con la competencia de numerosas vendedoras de vino que se distribuían por el casco antiguo, hoy La Herradura, ofreciendo su producto también en pequeños jarros de barro. Costumbre que había arraigado de tal forma en los harenses que, en no mucho tiempo, serían bautizados, por los forasteros, con el topónimo de. “Jarreros”.

Botero (Ángel Gil Cuevas, 2009)

La necesidad del recipiente para el transporte de líquidos, especialmente vino y aceite, supuso, ya hace muchos siglos, la aparición de los odreros, artesanos que trabajaban, preferentemente, la piel de la cabra para la fabricación de odres, más conocidos en nuestra zona como pellejos de vino. La incursión de los bodegueros franceses en nuestra comarca impulso la utilización de barricas para el transporte de vino, por lo que durante la segunda mitad del siglo XIX los toneleros desplazaran a los odreros quienes pasaron a ser más conocidos como boteros, ya que su actividad se especializo en la fabricación de la típica bota de piel imprescindible en cualquier fiesta o romería.

Tonelero (Cándido Pazos, 2009)

Ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, la tonelería, oficio que había llegado de la mano de los bodegueros bordeleses que se asentaron en nuestra población, adquirió extraordinaria importancia, ya que la barrica de 220 litros fue el recipiente preferido para el transporte de vino. Durante muchos años este trabajo tuvo tanta demanda que, al no ser suficientes los toneleros harenses para producir las barricas necesarias, hizo que numerosos carpinteros de ribera de los puertos de Bermeo, Lekeitio, Ondarroa.. acudiera a nuestra villa para acomodarse en oficio tan bien remunerado. Tal profusión de toneleros creo un ambiente espectacular, tanto visual, por los vivos fuegos que se dejaban ver domando las duelas, como económico, ya que algunos de ellos alardeaban de tal forma de sus ingresos que incluso llegarían a encender los habanos con billetes de papel moneda.

Músico (Teodoro Antonio Ruiz, 2009)

La bonanza económica generada por el precio del vino incrementó la necesidad cultural de gran parte de la población, siendo, sin duda, las artes musicales la más solicitadas. Este elegante músico que toca la trompa parece entresacado de alguna de las bandas de música harenses que, perfectamente organizadas y vestidas, se hacían oír desde 1840. eran los músicos de la milicia del batallón de Haro, dirigidos por D. Gabriel Rivera, quienes, a finales de mayo de 1842, interpretaban los pasacalles que anunciaban la inauguración del Coliseo Municipal, hoy Teatro Bretón de los Herreros, que podemos contemplar a escasos metros.

 

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Logroño

La selección que se ha llevado a cabo en esta breve guía de monumentos escultóricos públicos fechados desde finales del siglo XIX hasta 2008, parte de la necesidad de cubrir todas las tipologías escultóricas: relieve, grupo escultórico, cabeza, busto, estatua (ecuestre, sedente, …), para descubrir esta disciplina artística.

También, se ha basado la selección en una representación de la mayoría de artistas riojanos, así como la inclusión de varios nacionales: Pablo Gibert y Roig, Joaquín Lucarini, Francisco y Julio López Hernández e Ibarrola. El monumento conmemorativo y la escultura pública son parte de la historia de la ciudad, ya que se erigen como testigos mudos del paso del tiempo.

La conmemoración de personajes, acontecimientos y valores sociales nos ayudan a conocer la importancia de personas que contribuyeron a cambios urbanos, sociales, políticos y humanos en Logroño. Otras obras nos asombran por su valor decorativo y su modernidad formal. Las esculturas nos hablan de la importancia de la historia para conocer el presente y poder aprender a mejorar el futuro.

Fuente: Silvia Martínez Moreno

Doctora en Historia del Arte

Logroño

La selección que se ha llevado a cabo en esta breve guía de monumentos escultóricos públicos fechados desde finales del siglo XIX hasta 2008, parte de la necesidad de cubrir todas las tipologías escultóricas: relieve, grupo escultórico, cabeza, busto, estatua (ecuestre, sedente, …), para descubrir esta disciplina artística.

También, se ha basado la selección en una representación de la mayoría de artistas riojanos, así como la inclusión de varios nacionales: Pablo Gibert y Roig, Joaquín Lucarini, Francisco y Julio López Hernández e Ibarrola. El monumento conmemorativo y la escultura pública son parte de la historia de la ciudad, ya que se erigen como testigos mudos del paso del tiempo.

La conmemoración de personajes, acontecimientos y valores sociales nos ayudan a conocer la importancia de personas que contribuyeron a cambios urbanos, sociales, políticos y humanos en Logroño. Otras obras nos asombran por su valor decorativo y su modernidad formal. Las esculturas nos hablan de la importancia de la historia para conocer el presente y poder aprender a mejorar el futuro.

Fuente: Silvia Martínez Moreno

Doctora en Historia del Arte

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Villoslada de Cameros

Un museo en la montaña, dentro del Parque Natural Sierra de Cebollera, en el entorno de la Ermita de la Virgen de Lomos de Orios, un conjunto de ocho esculturas de Arte en la Tierra realizadas entre 2000 y 2001 por otros tantos artistas, nacionales e internacionales, con materiales naturales; distribuidas sin señalizar a lo largo de los senderos nº 2 y nº 3 de la red del Parque Natural: Sendero de la Virgen y Sendero del Achichuelo.

Ahora, en 2016, quince años después de esta intervención, mostramos las fotos de algunas de las esculturas o lo que queda de ellas, para comprobar la integración del arte en el paisaje, fruto del paso del tiempo y de los fenómenos naturales…

Las fotografía de la Calavera, de Luis García Vidal, corresponde a octubre de 2015. La cara esculpida en roca es de Sotte y la que tiene forma humana es de Pamen Pereira, junto a la ermita de Lomos de Orios.

El plano para localizar las esculturas se entrega en el Centro de Interpretación del Parque, en Villoslada, y en la Oficina de Turismo de Cameros, en El Hórreo de Pradillo.

Villoslada de Cameros

Un museo en la montaña, dentro del Parque Natural Sierra de Cebollera, en el entorno de la Ermita de la Virgen de Lomos de Orios, un conjunto de ocho esculturas de Arte en la Tierra realizadas entre 2000 y 2001 por otros tantos artistas, nacionales e internacionales, con materiales naturales; distribuidas sin señalizar a lo largo de los senderos nº 2 y nº 3 de la red del Parque Natural: Sendero de la Virgen y Sendero del Achichuelo.

Ahora, en 2016, quince años después de esta intervención, mostramos las fotos de algunas de las esculturas o lo que queda de ellas, para comprobar la integración del arte en el paisaje, fruto del paso del tiempo y de los fenómenos naturales…

Las fotografía de la Calavera, de Luis García Vidal, corresponde a octubre de 2015. La cara esculpida en roca es de Sotte y la que tiene forma humana es de Pamen Pereira, junto a la ermita de Lomos de Orios.

El plano para localizar las esculturas se entrega en el Centro de Interpretación del Parque, en Villoslada, y en la Oficina de Turismo de Cameros, en El Hórreo de Pradillo.

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