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Cornago

En Julio de 2013 se inauguró en Cornago el Centro de Interpretación del Castillo de la Luna, enmarcado dentro del Plan de Competitividad Turística La Senda Termal en la Reserva de la Biosfera de La Rioja”.

Con esta actuación se da continuidad al eje histórico que lleva al visitante desde el S.IV a. C. en Contrebia Leucade, hasta prácticamente el S.XVI d.C.

A través de los sucesivos castillos de Cornago se presentan hechos relevantes de nuestra historia, que van desde el final de los reinos visigodos, la invasión árabe de la Península Ibérica y la reconquista, con Cornago como territorio fronterizo entre los reinos de Pamplona, Aragón y Castilla, hasta el Cisma de Occidente a través del Papa Luna, o la unificación del territorio peninsular con las coronas de Castilla y León con los Reyes Católicos.

Todo el planteamiento museográfico del Centro de Interpretación ha sido cohesionado mediante la Luna como hilo conductor que da nombre al Centro, un elemento común que pone en valor el relato histórico de Cornago.

La media luna islámica como símbolo de la dominación árabe del territorio a través de la dinastía de los Banu Qasi, cuyo origen se remonta al noble visigodo Cassio.

La luna como símbolo de los señores de Cornago: Los Luna, con Álvaro de Luna -condestable de Castilla, en tiempos de Juan II-, como figura más representativa.

La Luna como elemento del cielo de Cornago, enmarcado dentro de la Certificación Star-light de la Reserva de la Biosfera.

La visita se estructura a través de cuatro espacios diferenciados temáticamente:

La Sala I arranca con los reinos visigodos y la situación de la península antes de la invasión musulmana. De aquí emerge la figura del Conde Cassio, noble visigodo convertido al islam en el 714, de cuya extirpe surge la temible dinastía de los Banu Qasi (los hijos de Cassio), muladíes que dominaron el valle medio del Ebro durante cerca de tres siglos, con la figura destacada de

Musa Ibn Musa, más conocido por el sobrenombre de “El Moro Muza”, emparentado con Iñigo de Arista, primer rey de Pamplona.

Esta sala termina con la Batalla de Clavijo, su leyenda y el origen de las peregrinaciones a Santiago, un camino guiado por las estrellas que bien pueden verse desde el cielo en Cornago.

La Sala II presenta la Reconquista, como una lucha de religiones: La Guerra Santa Islámica frente a las cruzadas cristianas. En todo este tiempo Cornago se sitúa en el epicentro de la formación de los reinos cristianos, siendo inicialmente dependiente del reino de Pamplona para pasar a ser anexionado al reino de Aragón por Alfonso I, el Batallador, hasta su compra definitiva por el reino de Castilla por parte de Alfonso XI, a principios del siglo XIV.

La sala está presidida por una maqueta del Castillo de Cornago en la que se recrea la vida que se hacía en su interior.

La familia de los Luna, propietarios de estas tierras y del Castillo desde que el rey Enrique se la cediera a Don Juan Martínez de Luna y Gotor, es la protagonista de la Sala III.

Sala III:

En ella se cuenta no sólo la historia de esta familia con D. Álvaro de Luna, condestable de Castilla en tiempos de Juan II y su hija, María de Luna -primera en utilizar el Castillo con un propósito residencial-, sino también el Cisma de Occidente, encarnado en la figura de D. Pedro de Luna, más conocido como Benedicto XIII, el “Papa Luna”, quien “se mantuvo en sus trece” (de aquí surge la expresión), en su Castillo de Peñíscola tras la resolución del conflicto.

Sala IV

La vida en el castillo se nos muestra en la Sala IV, a través de una mirada etnográfica de las formas de vida y la doble función del castillo: como espacio de relación social y como bastión defensivo de un territorio. De esta manera nos aproximamos al modelo de vida feudal y su evolución hasta la edad moderna. Así mismo, vemos la evolución arqueológica del Castillo de Cornago desde su primera construcción como torre defensiva en la marca norte islámica, en el siglo VIII, aproximadamente, hasta su remodelación como palacio en el s.XVI.

Este centro de interpretación pretende que el visitante, a parte de un conocimiento y una experiencia, se lleve en su interior la constatación de que la historia se le transmite es parte de su propia historia y, por lo tanto, le pertenece. Un centro que busca esencialmente que los visitantes descubran una parte de sí mismos en las piedras del castillo, que posteriormente se recomienda visitar. De esta manera se obtiene una experiencia única y personal combinada con la visita al centro de interpretación. 

Cornago

En Julio de 2013 se inauguró en Cornago el Centro de Interpretación del Castillo de la Luna, enmarcado dentro del Plan de Competitividad Turística La Senda Termal en la Reserva de la Biosfera de La Rioja”.

Con esta actuación se da continuidad al eje histórico que lleva al visitante desde el S.IV a. C. en Contrebia Leucade, hasta prácticamente el S.XVI d.C.

A través de los sucesivos castillos de Cornago se presentan hechos relevantes de nuestra historia, que van desde el final de los reinos visigodos, la invasión árabe de la Península Ibérica y la reconquista, con Cornago como territorio fronterizo entre los reinos de Pamplona, Aragón y Castilla, hasta el Cisma de Occidente a través del Papa Luna, o la unificación del territorio peninsular con las coronas de Castilla y León con los Reyes Católicos.

Todo el planteamiento museográfico del Centro de Interpretación ha sido cohesionado mediante la Luna como hilo conductor que da nombre al Centro, un elemento común que pone en valor el relato histórico de Cornago.

La media luna islámica como símbolo de la dominación árabe del territorio a través de la dinastía de los Banu Qasi, cuyo origen se remonta al noble visigodo Cassio.

La luna como símbolo de los señores de Cornago: Los Luna, con Álvaro de Luna -condestable de Castilla, en tiempos de Juan II-, como figura más representativa.

La Luna como elemento del cielo de Cornago, enmarcado dentro de la Certificación Star-light de la Reserva de la Biosfera.

La visita se estructura a través de cuatro espacios diferenciados temáticamente:

La Sala I arranca con los reinos visigodos y la situación de la península antes de la invasión musulmana. De aquí emerge la figura del Conde Cassio, noble visigodo convertido al islam en el 714, de cuya extirpe surge la temible dinastía de los Banu Qasi (los hijos de Cassio), muladíes que dominaron el valle medio del Ebro durante cerca de tres siglos, con la figura destacada de

Musa Ibn Musa, más conocido por el sobrenombre de “El Moro Muza”, emparentado con Iñigo de Arista, primer rey de Pamplona.

Esta sala termina con la Batalla de Clavijo, su leyenda y el origen de las peregrinaciones a Santiago, un camino guiado por las estrellas que bien pueden verse desde el cielo en Cornago.

La Sala II presenta la Reconquista, como una lucha de religiones: La Guerra Santa Islámica frente a las cruzadas cristianas. En todo este tiempo Cornago se sitúa en el epicentro de la formación de los reinos cristianos, siendo inicialmente dependiente del reino de Pamplona para pasar a ser anexionado al reino de Aragón por Alfonso I, el Batallador, hasta su compra definitiva por el reino de Castilla por parte de Alfonso XI, a principios del siglo XIV.

La sala está presidida por una maqueta del Castillo de Cornago en la que se recrea la vida que se hacía en su interior.

La familia de los Luna, propietarios de estas tierras y del Castillo desde que el rey Enrique se la cediera a Don Juan Martínez de Luna y Gotor, es la protagonista de la Sala III.

Sala III:

En ella se cuenta no sólo la historia de esta familia con D. Álvaro de Luna, condestable de Castilla en tiempos de Juan II y su hija, María de Luna -primera en utilizar el Castillo con un propósito residencial-, sino también el Cisma de Occidente, encarnado en la figura de D. Pedro de Luna, más conocido como Benedicto XIII, el “Papa Luna”, quien “se mantuvo en sus trece” (de aquí surge la expresión), en su Castillo de Peñíscola tras la resolución del conflicto.

Sala IV

La vida en el castillo se nos muestra en la Sala IV, a través de una mirada etnográfica de las formas de vida y la doble función del castillo: como espacio de relación social y como bastión defensivo de un territorio. De esta manera nos aproximamos al modelo de vida feudal y su evolución hasta la edad moderna. Así mismo, vemos la evolución arqueológica del Castillo de Cornago desde su primera construcción como torre defensiva en la marca norte islámica, en el siglo VIII, aproximadamente, hasta su remodelación como palacio en el s.XVI.

Este centro de interpretación pretende que el visitante, a parte de un conocimiento y una experiencia, se lleve en su interior la constatación de que la historia se le transmite es parte de su propia historia y, por lo tanto, le pertenece. Un centro que busca esencialmente que los visitantes descubran una parte de sí mismos en las piedras del castillo, que posteriormente se recomienda visitar. De esta manera se obtiene una experiencia única y personal combinada con la visita al centro de interpretación. 

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25/01/2018

Cenicero

25/01/2018

31/03/2018

Cenicero

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23/12/2017

Calahorra

23/12/2017

04/01/2018

Calahorra

La Rioja es un destino para descubrir, pero sobre todo para vivirlo, para sentir, para disfrutar. La Rioja apetece por muchas razones y en esta pequeña comunidad, la más pequeña de España, se pueden vivir experiencias únicas. Como muestra valgan estas 10 seleccionadas, aunque si visita esta tierra descubrirá que hay muchas más.

 

1. Calle Laurel y San Juan

Son las dos calles más famosas de Logroño. Repletas de bares que ofrecen su especialidad con nombres pintorescos: Tío Agus, Zapatilla, Blanco y negro, Valentino… Bocados sencillos pero deliciosos acompañados de un buen vino. No deje de probar los famosos champiñones del Soriano o el Ángel. El gusto por los pinchos en La Rioja no es sólo de la capital, en Haro merece la pena una visita a la Herradura y también encontrarán buenos pinchos con verduras en Calahorra.

 

2. Cuna del Castellano.

En los Monasterios de San Millán de la Cogolla, en un entorno natural maravilloso, se escribieron las primeras palabras conocidas en castellano (y también en Euskera). En estos monasterios los copistas de los códices apuntaban en los márgenes de los libros que copiaban pequeñas anotaciones en sus idiomas de origen que hoy son los primeros vestigios escritos de nuestra lengua encontrados. Una visita cultural indispensable, pero también un lujo para los que buscan entornos naturales únicos.

 

3. El vino está íntimamente ligado a La Rioja y una familia riojana, la familia Vivanco, decidió devolver al vino lo que el vino le había dado y creó el que está considerado el mejor museo del vino del mundo, en la preciosa localidad de Briones. En el Museo Vivanco de la cultura del vino podrá aprender sobre elaboración, contemplar valiosas obras de arte y arqueología en torno al vino en el mundo a través de los tiempos; pero, sobre todo, vivir el vino de una manera diferente con sus actividades, catas, paseos por las viñas. Todo en un entorno único.

 

4. La estrella Michelin en el pueblo más pequeño del mundo.

En el pequeño pueblo de Daroca de Rioja, de apenas 50 habitantes se esconde La Venta Moncalvillo uno de los dos restaurantes con estrella Michelin de La Rioja. En este pequeño local, regentado por los hermanos Echapresto se puede degustar una gran cocina y una impresionante bodega con cientos de referencias. No muy lejos, otras dos estrellas Michelin alumbran el Portal de Echaurren, del afamado chef Francis Paniego.

 

5. Un poblado celtibérico

En La Rioja se puede viajar en el tiempo. Antes de que los romanos hicieran famosa la ciudad de Calagurris (Calahorra) ya existían poblaciones en esta zona. En Contrebia Leukade podrá descubrir cómo vivían los celtíberos antes de la llegada de los romanos a la península. Una lección de historia en vivo que gustará a niños y mayores y, además, permite descubrir el Alhama, uno de los valles más peculiares y desconocidos de La Rioja a pesar de su belleza.

 

6. Volar en globo sobre los viñedos

Una de esas cosas que dicen que hay que hacer en la vida, al alcance de la mano gracias a Arco Iris, una empresa que ofrece sus servicios en la zona de Haro y permite sobrevolar los viñedos de La Rioja Alta al amanecer para acabar con un almuerzo “a la riojana” Una de esas experiencias que no olvidarán, especialmente en otoño cuando los viñedos toman sus colores ocres y el paisaje se vuelve un manto de intensos rojos, amarillos y ocres. ¡Un espectáculo!

 

7. Vendimiador por un día

Desde mediados de septiembre y hasta bien entrado octubre La Rioja se convierte en un hervidero de personas, tractores, cestas, corquetes… ¡Llega el momento de la vendimia! Un momento que los viticultores esperan todo el año trabajando en sus cepas y en el que los turistas pueden también participar, aunque de una manera más lúdica, de la mano de empresas especializadas en enoturismo como Riojatrek o de la mano de algunas bodegas que organizan vendimias populares en familia como David Moreno (Badarán)

 

8. La mayor colonia de cigüeñas sobre un edificio.

Este espectáculo natural único puede contemplarse desde los miradores y las calles que rodean a la bonita Colegiata de ladrillo de Alfaro. Cientos de cigüeñas anidan en esta zona, animadas por el buen clima de La Rioja Baja y el entorno que encuentran en el cercano Parque Natural de los Sotos del Ebro. Un paseo por esta zona es un lujo para los amantes del avistamiento de pájaros y también para los que disfrutan del senderismo y otros deportes en un enclave natural lleno de senderos que discurren a la orilla del río Ebro.

 

9. Seguir las huellas de los dinosaurios

El viaje en el tiempo de La Rioja permite incluso llegar a la prehistoria. Miles de años antes de que el hombre apareciera en el mundo La Rioja ya estaba habitada. Las huellas de dinosaurios (icnitas), que en gran número y calidad se encuentran por toda La Rioja, dan fe de su vida en las Sierras riojanas. El centro de interpretación de Igea y el parque de paleoaventura del Barranco Perdido en Enciso son los principales puntos desde los que investigar y descubrir los secretos de los dinosaurios riojanos. Una escapada especialmente indicada para hacer en familia porque a los más pequeños les apasiona este mundo. Les sorprenderá ver como los niños enseñan a sus padres los hallazgos y les cuentan qué tipo de dinosaurio están viendo como auténticos paleontólogos.

 

10. Visitar más de 100 bodegas de las 500 que hay en la denominación de origen Rioja. Quizá 100 son excesivas, pero esa es la oferta entre la que podrá elegir. Especialmente recomendable es el Barrio de la Estación de Haro, donde se concentran las bodegas centenarias, con los grandes nombres de Rioja. En torno a las vías del tren, por las que en los primeros años de la creación de estos templos vinícolas salían los finos caldos riojanos hacia los destinos más recónditos, hoy las bodegas modernas ofrecen sus programas de visita, en los que se puede descubrir no sólo cómo se elaboran los mejores vinos de Rioja, sino también cómo se fabrican las barricas y las cubas de madera de roble, cómo han evolucionado las etiquetas, rincones antiguos donde reposan las añadas más legendarias y modernas ampliaciones realizadas por prestigiosos arquitectos.

Pero estas 10 sugerencias no son las únicas experiencias que podrá vivir en La Rioja. Pregunte a los riojanos y descubrirá que cada viaje puede ser diferente. Acabará conociendo lugares increíbles y compartiendo vino y mantel con desconocidos que podrán convertirse en amigos para toda la vida. 

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25/09/2017

Haro

25/09/2017

21/12/2017

Haro

Almas de piedra

tipo de documento Artículos

Torrebús, 2 de septiembre de 2017.

Visita al Museo del Torreón en Haro y al Palacio de los Frías de Salazar en Cellorigo.

Seguimos una antigua ruta fortificada. Logroño, Torremontalbo, Davalillo, San Vicente de la Sonsierra, Briones… Escuchamos gritos de piedra que no se ve mientras alcanzamos Haro, faro vitivinícola de La Rioja en el mundo. Atravesamos el solemne Barrio de la Estación, un manantial de historias, artes añejas y vinos tintos, y avanzamos bajo el escrutinio silencioso de una antigua torre. Es el legado de años preventivos, de miedo y de guerra.

El destino quiere que ahora pisemos la plaza de la Paz, donde reposa solemne el viejo ayuntamiento. En este remanso de miradas cruzadas, recreamos mentalmente el cinturón pétreo que abrochó la ciudad entre los siglos XII y XV. La puerta de San Bernardo y el Torreón comparten fotografía como últimos recuerdos de la muralla que un día fue. Su testimonio es inmóvil.

Una vez que España fue reconquistada, la torre perdió su alma militar y quedó la piedra expuesta ante manos ajenas (curativas, condenadas, taurinas, sedientas). Desde 2007, es Museo del Torreón. El espacio histórico adquiere aquí rasgos contemporáneos, habitado por autores propios de La Rioja.

Dentro, nos acompaña Pedro Espinosa, dibujante en ruta y huésped casual de esta vetusta construcción militar. Algunos de sus retratos conforman la exposición ‘La Rioja en un cuaderno’, un salpicón de colores y trazos autóctonos. Sus manos trabajan sobre la naturalidad del instante. Retrata a personas como intérpretes de su realidad, protagonistas ordinarios. Sobre el papel, crecen como el alma que habita lugares y momentos pasados.

Los tres niveles de la torre son arte como forma de interpretar el mundo; arte sobre arte. Las paredes nos hablan de realismo mágico, de hiperrealismo, de modelos abstractos; interpretaciones íntimas de una vida atemporal que siempre prevalece. El último piso es un espléndido mirador circular, los ojos de la torre. Oteamos en el pasado un horizonte limpio en busca de forasteros, de enemigos antiguos y de alertas inminentes. El presente, sin embargo, es un homenaje hierático a su alma de piedra, a la calma.

Acostado contra los imponentes Montes Obarenes, Cellorigo nos avista desde lo alto, entre riscos que emulan la columna vertebral de un estegosaurio. Es una localidad nacida para la observación continua. Entendemos que fuese escenario de dos batallas importantes entre cristianos y musulmanes en los años 882 y 883. Desde allá arriba, en la frontera inmediata con Burgos, pueden identificarse más de treinta pueblos de La Rioja y su provincia vecina. El mirador es una fotografía en gran angular hasta la Sierra de la Demanda; una llanura silenciosa que grita cada noche.

En el pueblo, conversamos con uno de sus vecinos, Luis Guinea. Pintor aficionado y, desde 1985, propietario del Palacio de los Frías de Salazar, una torre defensiva del siglo XV adosada a una vivienda del siglo XVI. Examinando su rostro mineral, Guinea recuerda el tiempo, el esfuerzo y el dinero que ha costado resucitar esta vieja sonrisa. La piedra permanece erguida, victoriosa, frente a la gran planicie.

Antes de entrar, nos cuentan que el ilustre linaje de los Frías de Salazar desembarcó en la fortaleza de Cellorigo a finales del siglo XV; habitaron la torre y edificaron la casa solariega contigua. El mayor exponente de esta familia, Juan de Frías Salazar, yace en la cercana iglesia de San Millán. Un rato más tarde, lo visitamos respetuosamente.

En 1524, Carlos I cedió la torre a Diego de Rojas y Juan de Rojas. Sobre la puerta, nos señalan las estrellas que alumbran su escudo heráldico. Los Rojas abrieron una puerta adicional con paso por la huerta colindante, hoy suelo abandonado, para acceder directamente al próximo templo de San Millán. Cuando Guinea conoció la torre, ese camino para privilegiados ya no existía.

Estamos preparados. El alma de piedra asoma bajo la madera. Entramos de la mano de nuestro anfitrión, a quien reinventamos como el artista devoto ‘Luisón’. En las tres plantas, cohabitan un centenar de sus cuadros. Arte y funcionalidad, tradición y presente continuo. Su hogar es su museo. Generoso, Guinea nos abre todas las puertas de este recuerdo original.

El primer piso de la torre ha sido tomado por un ejército de ilustres damas. Analizamos los rostros reproducidos de la Marquesa de Espeso, de la Reina Sofía, de la Baronesa de Rothschild, de la Condesa Vilches… Ascendemos hacia la segunda planta de este ejercicio copista. Nos saludan el cardenal Richelieu, el Empecinado, el duque de Urbina y María Tudor. Admiramos pinceladas coloristas y enormes vigas de madera donde antes, una vez, seguía creciendo la torre ahora desmochada.

De regreso a la vivienda, las desiguales paredes también tienen ojos. Aquí, las miradas pertenecen a personajes sencillos, rurales, vecinos, viejos conocidos de Luisón, almas refugiadas en la piedra. 

Texto: Sergio Cuesta

Ilustraciones: Pedro Espinosa

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Torrebús

tipo de documento Eventos

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02/09/2017

Logroño

02/09/2017

09/09/2017

Logroño

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03/08/2017

Arnedo

03/08/2017

29/08/2017

Arnedo

Teresa es una niña de cinco años que nos relata sus aventuras en La Rioja, a sus ojos, una tierra de cuento.

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