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Ezcaray

En las proximidades de la iglesia hay una serie de calles y plazas de gran sabor tradicional y en ellas cobran protagonismo algunos palacios blasonados. Los más importantes son el Palacio de Torremúzquiz y el Palacio del Ángel, de l siglo XVIII. Son clásicas casonas barrocos, bien construidas, formadas por varios pisos, buena fábrica de sillería y puertas, ventanas y balcones adintelados.

Fuente: Arteguías

Palacio de Azcárate (S. XVII) (arriba)

Construcción que data de (1.750) con un diseño sencillo en la época y que posteriormente hacia 1.800 se vería reformado por arquitectos especializados que amoldaron las fachadas trabajando nuevas figuras en los pilares centrales junto con adornos de tipo renacentistas.

El Palacete perteneció a la familia Azcárate , cuya Historia está fuertemente ligada a la carrera militar. Terratenientes con gran influencia que poseían también otros Palacetes en el norte de España de considerable importancia junto con un patrimonio que abarcaba hasta Madrid capital.

La actual rehabilitación ha mantenido el diseño arquitectónico que embellece las fachadas aunque interiormente la estructura se ha renovado por completo para poder ofrecer todas la comodidades de los Hoteles de hoy en día.

Artesanos conocidos, tallistas profesionales y escultores  han colaborado en restaurar piezas de gran valor histórico y emocional para la localidad y la zona.

Palacio del Ángel (S. XVIII)

Edificio construido a mediados del siglo XVIII con características comunes a otras Casas Palaciegas de Ezcaray, como sus canes tallados o la piedra de sillería. En su fachada hay un escudo rococó y una hornacina con la imagen cerámica de San Miguel.

Palacio del Arzobispo Barroeta (S.XVII)

Edificio construido a mitades del siglo XVIII con piedra de sillería en su fachada y mamposterís en el resto del edificio.

Casa de los Condes de Torremúzquiz (S.XVIII)

Casa de los Gil de la Cuesta (S.XVIII)

Ezcaray

En las proximidades de la iglesia hay una serie de calles y plazas de gran sabor tradicional y en ellas cobran protagonismo algunos palacios blasonados. Los más importantes son el Palacio de Torremúzquiz y el Palacio del Ángel, de l siglo XVIII. Son clásicas casonas barrocos, bien construidas, formadas por varios pisos, buena fábrica de sillería y puertas, ventanas y balcones adintelados.

Fuente: Arteguías

Palacio de Azcárate (S. XVII) (arriba)

Construcción que data de (1.750) con un diseño sencillo en la época y que posteriormente hacia 1.800 se vería reformado por arquitectos especializados que amoldaron las fachadas trabajando nuevas figuras en los pilares centrales junto con adornos de tipo renacentistas.

El Palacete perteneció a la familia Azcárate , cuya Historia está fuertemente ligada a la carrera militar. Terratenientes con gran influencia que poseían también otros Palacetes en el norte de España de considerable importancia junto con un patrimonio que abarcaba hasta Madrid capital.

La actual rehabilitación ha mantenido el diseño arquitectónico que embellece las fachadas aunque interiormente la estructura se ha renovado por completo para poder ofrecer todas la comodidades de los Hoteles de hoy en día.

Artesanos conocidos, tallistas profesionales y escultores  han colaborado en restaurar piezas de gran valor histórico y emocional para la localidad y la zona.

Palacio del Ángel (S. XVIII)

Edificio construido a mediados del siglo XVIII con características comunes a otras Casas Palaciegas de Ezcaray, como sus canes tallados o la piedra de sillería. En su fachada hay un escudo rococó y una hornacina con la imagen cerámica de San Miguel.

Palacio del Arzobispo Barroeta (S.XVII)

Edificio construido a mitades del siglo XVIII con piedra de sillería en su fachada y mamposterís en el resto del edificio.

Casa de los Condes de Torremúzquiz (S.XVIII)

Casa de los Gil de la Cuesta (S.XVIII)

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Logroño

Las Murallas del Revellín son los restos de las fortificaciones que tuvo la ciudad de Logroño, de las que se conservan el Cubo del Revellín (torreón ubicado en la esquina noroccidental del recinto) y la puerta que da al oeste.

El Cubo del Revellín consta de un cilindro superior donde se encontraban las troneras para los cañones, albergando los visores para los tiradores. En la parte inferior se hallaba un polvorín donde se almacenaban las municiones y los cañones.

La Puerta del Camino (denominación que aparece en antiguos documentos al hacer referencia a la actual Puerta del Revellín) se trata de una obra posterior a la muralla, siendo terminada hacia 1524, seguramente construida al mismo tiempo que los puentes que cruzan el foso, hasta ahora ocultos. Sobre la puerta se puede contemplar el águila bicéfala de Carlos I de España junto a dos escudos de Logroño con las tres flores de lis concedidas por el monarca a la ciudad en 1523, por la defensa del asedio de las tropas francesas dos años antes.

En cuanto a la historia de Logroño, esta constituía la principal plaza fuerte castellana en la frontera con Navarra, produciéndose el proceso más importante de fortificación de la ciudad entre 1498 y 1540, reforzándose la antigua muralla medieval, pero no fue hasta el asedio de los franceses de 1521 cuando se impulsaron las obras de mejora, ampliando la muralla y el foso que la rodeaba y construyendo el Cubo del Revellín. Este fue construido entre los años 1522 y 1524 bajo la dirección del maestro cantero Lope de Insturizaga y financiado a través de la exención de determinados impuestos por el emperador Carlos I, quien recompensaría de esta manera la resistencia ofrecida por los logroñeses ante el asalto del ejército franconavarro en 1521.

Así, durante las fiestas de San Bernabé, la cofradía del Pez obsequia a los ciudadanos con una ración de peces, recordando el sitio al que estuvo sometido Logroño por el ejército francés en el año 1521 y que aguantaron los habitantes alimentándose con peces del río Ebro.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI fue perdiéndose la importancia de la defensa de la ciudad, lo que hizo que el deterioro de las murallas fuese evidente. Se construyeron edificios particulares adosados a la misma, lo cual no impidió que se conservaran los restos actuales.

La insólita preservación del Cubo y de la Puerta del Camino no solo es la consecuencia de su solidez constructiva, muy superior a la del resto del antiguo recinto fortificado, sino que está relacionada con los factores que guiaron el desarrollo urbanístico de la ciudad en el siglo XIX.

Texto: Asociación de Amigos de los Castillos y Ayuntamiento de Logroño

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Logroño

Las Murallas del Revellín son los restos de las fortificaciones que tuvo la ciudad de Logroño, de las que se conservan el Cubo del Revellín (torreón ubicado en la esquina noroccidental del recinto) y la puerta que da al oeste.

El Cubo del Revellín consta de un cilindro superior donde se encontraban las troneras para los cañones, albergando los visores para los tiradores. En la parte inferior se hallaba un polvorín donde se almacenaban las municiones y los cañones.

La Puerta del Camino (denominación que aparece en antiguos documentos al hacer referencia a la actual Puerta del Revellín) se trata de una obra posterior a la muralla, siendo terminada hacia 1524, seguramente construida al mismo tiempo que los puentes que cruzan el foso, hasta ahora ocultos. Sobre la puerta se puede contemplar el águila bicéfala de Carlos I de España junto a dos escudos de Logroño con las tres flores de lis concedidas por el monarca a la ciudad en 1523, por la defensa del asedio de las tropas francesas dos años antes.

En cuanto a la historia de Logroño, esta constituía la principal plaza fuerte castellana en la frontera con Navarra, produciéndose el proceso más importante de fortificación de la ciudad entre 1498 y 1540, reforzándose la antigua muralla medieval, pero no fue hasta el asedio de los franceses de 1521 cuando se impulsaron las obras de mejora, ampliando la muralla y el foso que la rodeaba y construyendo el Cubo del Revellín. Este fue construido entre los años 1522 y 1524 bajo la dirección del maestro cantero Lope de Insturizaga y financiado a través de la exención de determinados impuestos por el emperador Carlos I, quien recompensaría de esta manera la resistencia ofrecida por los logroñeses ante el asalto del ejército franconavarro en 1521.

Así, durante las fiestas de San Bernabé, la cofradía del Pez obsequia a los ciudadanos con una ración de peces, recordando el sitio al que estuvo sometido Logroño por el ejército francés en el año 1521 y que aguantaron los habitantes alimentándose con peces del río Ebro.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI fue perdiéndose la importancia de la defensa de la ciudad, lo que hizo que el deterioro de las murallas fuese evidente. Se construyeron edificios particulares adosados a la misma, lo cual no impidió que se conservaran los restos actuales.

La insólita preservación del Cubo y de la Puerta del Camino no solo es la consecuencia de su solidez constructiva, muy superior a la del resto del antiguo recinto fortificado, sino que está relacionada con los factores que guiaron el desarrollo urbanístico de la ciudad en el siglo XIX.

Texto: Asociación de Amigos de los Castillos y Ayuntamiento de Logroño

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Nájera

El edificio que alberga el Museo fue construido en el s. XVIII como residencia del abad del monasterio de Santa María la Real. 

En la actualidad la exposición permanente presenta algunos aspectos significativos de la arqueología del Valle del Najerilla. Se distribuye en tres salas y pasillo central, en ellas se podrán contemplar una selección de materiales de la colección arqueológica que abarca desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna. 

La mayor parte de sus fondos, etnografía, arte, documentación, permanece en los fondos de reserva por falta de espacio expositivo, y sólo alguna parte de ellos se ha exhibido puntualmente en las exposiciones temporales organizadas por el Museo.

El Museo se encarga también de las excavaciones arqueológicas del Alcázar de Nájera.

Nájera

El edificio que alberga el Museo fue construido en el s. XVIII como residencia del abad del monasterio de Santa María la Real. 

En la actualidad la exposición permanente presenta algunos aspectos significativos de la arqueología del Valle del Najerilla. Se distribuye en tres salas y pasillo central, en ellas se podrán contemplar una selección de materiales de la colección arqueológica que abarca desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna. 

La mayor parte de sus fondos, etnografía, arte, documentación, permanece en los fondos de reserva por falta de espacio expositivo, y sólo alguna parte de ellos se ha exhibido puntualmente en las exposiciones temporales organizadas por el Museo.

El Museo se encarga también de las excavaciones arqueológicas del Alcázar de Nájera.

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