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105 resultados

Disfruta de las experiencias que La Rioja te propone para este verano con actividades para todo los públicos y a cualquier hora del día, como visitas a viñedos y bodegas y experiencias alternativas en torno al mundo del vino, diferentes recorridos para disfrutar de La Rioja por el aire o múltiples actividades culturales-turísticas, con más de ciento cuarenta propuestas vinculadas al ocio, vino, la cultura y la naturaleza.

¡Descúbrelas todas aquí!

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Si ha elegido La Rioja para pasar un fin de semana o si esta pensando en ello, ahí va una sugerencia para aprovechar su tiempo y conocer lo fundamental: 

Viernes:
Si llega a La Rioja el viernes por la tarde, visite la calle Laurel o San Juan en Logroño o la Calle de la Herradura en Haro. Probar las especialidades de cada bar, junto con el Rioja de la casa es la mejor forma de comenzar la visita a La Rioja y conocer la cultura del vino.

Sábado:
El sábado puede comenzar con una visita al Museo vivanco de la Cultura del Vino, situado en Briones. Aquí conocerá los métodos de elaboración, la fabricación de barricas, botellas, el transporte, los vinos del mundo, la historia del vino y, sobre todo, la amplia cultura que el vino ha producido en el mundo, desde los egipcios a modernos Picassos.

Tras esta visita, le sugerimos realizar un curso de Cata en el propio museo o en otros lugares por toda La Rioja: la Cofradía del Vino de Rioja, El Consejo Regulador, bodegas y asociaciones ofrecen estos cursos, algunos muy completos y con diplomas acreditativos.

Si lo que desea es conocer el proceso de elaboración más de cerca puede acercarse a una de las cien bodegas que abren sus puertas a público turístico. Conociendo su forma de elaboración y sus vinos, conseguirá disfrutar más de este producto riojano. 

Cuando haga su parada para comer, no dude en probar las chuletillas al sarmiento o las patatas con chorizo, platos típicos de la cocina riojana que puede degustarse en muchos de nuestros restaurantes y en algunas bodegas. También podrá descubrir la nueva cocina riojana, clásicos renovados que sorprenden en su presentación y satisfacen en sus sabores. 

Tras la comida, le recomendamos otra forma de conocer la cultura del vino, actividades entre viñedos: a pie, en bici, a caballo e incluso en piragua por el Ebro o en globo sobre los viñedos podrá usted conocer las diferentes variedades de uva y las estrictas normas que rigen la viticultura en la Denominación de Origen Rioja. 

Para terminar el día llévese un tesoro: una botella de Rioja especialmente elegida ahora que lo sabe todo sobre este vino mundialmente famoso o una bota de vino realizada a mano por un artesano riojano.

Domingo:
Para el domingo le sugerimos una visita cultural única: Los monasterios de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla, Patrimonio de la Humanidad. 

En el Monasterio de Suso, el más antiguo, situado entre montes, los eremitas del Medievo escribieron en sus scriptorium las primeras palabras en castellano.

El Monasterio de Yuso, más grande y rico, acoge en su interior el aula de la lengua castellana y una gran biblioteca única. 

De camino hacia San Millán pasará usted por Berceo, la localidad cuna de Gonzalo de Berceo, el primer poeta de la lengua castellana. 

Desde San Millán le recomendamos una visita a Santo Domingo de la Calzada. No deje de visitar su Catedral en la que podrá ver la tumba del santo y un gallinero ¡¡dentro de la propia iglesia!! Pregunte por el milagro del gallo y la gallina y descubrirá el por qué. No deje de pasear por sus calles y tómese un descanso en el Parador de Turismo, antiguo Hospital de peregrinos. 

Seguro que a su paso ve muchos lugares que merecen una parada, tómeselo con tiempo. Pare y disfrute del paisaje, de las gentes y de la hospitalidad riojana. Si no le da tiempo a hacerlo todo, no se preocupe, La Rioja está muy cerca y estaremos encantados de que vuelva. 

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La Rioja accesible

tipo de documento Artículos

La Rioja es un destino turístico inclusivo, que trabaja por la accesibilidad real y por crear espacios en los que todos tengamos cabida. Le invitamos a disfrutar del enoturismo y de una gastronomía sobresaliente, a conocer la tierra donde habitaron dinosaurios, a vivir el camino de Santiago y a adentrase en la cuna del castellano.

La Rioja ofrece una variada oferta turística accesible para todo tipo de turistas. Turismo familiar, tercera edad y turistas con necesidades especiales o diversidad funcional encuentran en La Rioja actividades para todos los gustos.

Los amantes de la naturaleza disfrutarán de entornos naturales accesibles como las vías verdes, el Camino de Santiago, el Parque de Sierra Cebollera o la Reserva de los Sotos de Alfaro… donde existen cómodos paseos adaptados para silla de ruedas o con carrito de niños a lo largo de sus senderos accesibles.

Existe una variada oferta de arte, patrimonio y cultura accesibles para conocer monasterios, castillos, museos o los secretos del vino de Rioja. Si se quiere compartir un día en familia nada mejor que pasarlo en los parques temáticos de Paleo Aventura (Barranco Perdido) o Tierra Rapaz, donde mayores y pequeños vivirán experiencias inolvidables. Por supuesto, quien viene La Rioja no puede marcharse sin visitar una de nuestras numerosas bodegas accesibles y participar en las catas sensoriales de vino, donde los sentidos son protagonistas y permiten sorprenderse a todos con hallazgos y descubrimientos de tus capacidades personales.

Si la oferta turística y cultural es variada, no lo es menos la oferta gastronómica. Quienes visitan esta tierra nunca olvidan nuestra cocina gracias a la amplísima oferta de rutas de pinchos y restaurantes accesibles, que no sólo están libres de barreras arquitectónicas, sino que además disponen de menús especiales para diferentes intolerancias.

En definitiva, La Rioja es una región que apetece, un destino accesible que acoge hospitalariamente a todos, una tierra que sorprende positivamente para realizar turismo deportivo, congresual y de reuniones, ir de compras, ...

Ven y descubre #LaRiojaAccesible en:

www.equalitasvitae.com

www.lariojasinbarreras.org

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Verduras en tempura

tipo de documento Artículos

Exquisitas verduras de la huerta riojana con un toque japonés.

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¿Te gustaría ser detective en el bosque y poder interpretar las huellas en la nieve para saber si son de corzo, de zorro o de garduña?, ¿Ser agricultor por un día, podar un viñedo y degustar a continuación un almuerzo típico riojano?

Estos son unos pocos ejemplos de la extensa oferta que La Rioja Turismo te propone como “Experiencias de invierno en La Rioja”.

Entra y descubre un montón de experiencias que sólo pueden hacerse desde diciembre a marzo.

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“Mi corazón espera 
también, hacia la luz y hacia la vida, 
otro milagro de la primavera.”

Antonio Machado.

¿Has visto llorar a una vid?

¿Conoces el silbido de los pájaros?

¿Has practicado segway entre viñedos?

Estas son algunas de las más de 150 actividades de primavera que La Rioja Turismo te propone. ¡Entra y descúbrelas!

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Logroño nos despide augurando tormentas, pero la Sierra nos recibe, una hora después, desterrando la lluvia. Ventrosa ensaya la mejor de sus sonrisas para recibirnos junto al puente de la Hiedra. Aquí arriba, la piedra está comprometida con la naturaleza en un matrimonio permanente.

Instantes después, nos decidimos a recorrer las vetustas arterias de la villa. Nos percatamos de que hoy subiremos y bajaremos continuamente. Rozamos con los dedos de las manos los mil metros de altitud. El barrio alto es pretérito. Por encima de nosotros, en el 'castillo', vive una torre con un reloj de cuatro esferas. Dicen los vecinos que yace sobre el espíritu de una antigua fortaleza y que bajo esa tierra aguardan antiguos tesoros. Añaden que nadie ha tenido la insana valentía de emprender tamaña búsqueda.

Miramos ventanas ínfimas por las que difícilmente penetra el frío. Todo es pétreo y gris suave en primer plano. El horizonte del cuadro, en cambio, brota multicolor. Vislumbramos hojas de azafrán, escarlatas, castañas, naranjas y pistachos. El otoño riojano es intrépido por estos lares. Todos los que por aquí habitan comparten osadía. Dentro de unas semanas, cuando el invierno despierte, lo esperarán dos decenas de personas. Al amable verano lo reciben, sin embargo, unas seiscientas.

Hijos, sobrinos y nietos del pueblo. Nos dicen que las nuevas generaciones han recuperado viejas tradiciones, como la danza de la loba. Benditos reaccionarios, pensamos en justicia mientras nos detienen frente a un añejo Rollo que impartió lecciones de muerte. Damos la espalda al humilladero y seguimos venas pedregosas que asoman intactas en cualquier esquina. Observamos las que fueron no hace tanto enérgicas escuelas (1866). El edificio nos replica en presente con una mirada envejecida. Como la herrería y la lavandería. Sombras.

Puente de Hiedra (Ventrosa)

Ascendemos un poco más hacia la iglesia de San Pedro y San Pablo (siglo XVIII). Antes de alcanzarla, pisamos una alfombra de hojas, algunas crujientes, otras blanduzcas, y descubrimos un rostro anónimo que ha cuidado de este templo como si fuese suyo. En el interior, descansan un bello retablo renacentista y una pila bautismal del siglo XII. 

Nos explican con tristeza permanente la intensa trashumancia que partió de Ventrosa el siglo pasado. Bebemos de la Fuente del Emigrante. Chile absorbió gran parte de la vida de este lugar. En la Casa del Maestro, los objetos toman la palabra. Esquiladoras, zurrones y yugos; aventadoras y trillos; baúles y maletas. La ganadería, la agricultura y el éxodo. Nosotros también nos vamos. En el barrio bajo, nos despedimos de la orgullosa Bendosa (siglo X) por la arbolada calle del Valle.

Descendemos unos cien metros por el asfalto entre ganado vacuno, pastizales y bosques. En menos de cinco kilómetros, estamos abajo. Antiguamente Viniegra de Yuso,  primitivamente Lutia, esta villa pace entre la Sierra de la Demanda y el Camero Nuevo, acomodada en el paisaje, bebiendo del río Urbión. Cuarenta personas respiran este aire puro durante todo el año, un número significativo en este contexto geográfico. 

Nos cuentan historias de emigrantes que hicieron fortuna y retornaron dispuestos a compartir esplendor; relatos habituales en toda la Sierra. La escuela que donó Venancio Moreno, la fuente de los Cuatro Caños que construyó Andrés Ibáñez... Levantamos la vista hacia el Cerro de la Traición mientras escuchamos que allí arriba un general romano pudo castigar severamente a los hijos de los primeros pobladores. Algunos escudos muestran hoy brazos amputados sobre la piedra.

Casa de estilo indiano (Viniegra de Abajo)

El estilo indiano, virtuoso y ecléctico, nos recibe alrededor de la plaza de Argentina. Admiramos la conservación de las casas palaciegas, de las calles empedradas, de la naturalidad. La mampostería autóctona convive sin rasgaduras con el señorío americano. Abundan los bancos de piedra y huertas olvidadas por habitantes discontinuos.

Nos cuentan que monte arriba levita la ermita de Santiago, aunque nosotros conocemos en persona a la de La Soledad, más próxima. Visitamos la majestuosa casa de Enrique Villar. Él hace tiempo que no está, así que nos contentamos con admirar la fachada e imaginar el interior en tiempos lustrosos. La iglesia de la Asunción, del siglo XVI, nos saca los colores con su sillería rojiza. La atmósfera delata un pasado espléndido.

Paramos ahora en la casa de Irene. Ella sí está, así que entramos y nos dejamos hacer. Manos arriba, caparrones; abajo, menestras. Arriba, carrilleras; abajo, bacalao. Arriba, torrijas; arriba, natillas; abajo, la copa especial. Saciadas las dudas y ejercitadas las extremidades, bajamos entre calles en calma hasta la carretera. Y entonces empezamos a subir de nuevo. Algunas vacas nos contemplan con arrogancia, como si el asfalto, además del campo, también fuese suyo.

Estamos muy arriba (1.181 metros), entre las sierras de San Lorenzo y Urbión, y el cielo escupe sobre nosotros. Cruzamos el río Hormazal y nos escondemos en la ermita de Santa María Magdalena mientras escampa. Caminamos entre nogales y niños en bicicleta que guían nuestra ruta sobre puentes y entre arquitectura popular. En el collado de San Miguel, aseguran, hubo un asentamiento romano durante el siglo I.

Viniegra de Arriba

En apenas unas semanas, aquí no habrá más de una docena de personas. Durante unos meses, Viniegra de Arriba (de Suso) es solamente suyo. Dentro de la iglesia de la Asunción (siglo XV), nos convencemos de esa placidez invernal. Fuera, escuchamos el agua correr como si fuese conocimiento. La escuela cerró hace cincuenta años, pero todavía conserva retazos: pupitres, libros de estudio, ilustraciones didácticas, fotografías. Nos acompañan hijos y nietos de aquellos alumnos.

Paseamos por el barrio de San Vicente, donde una imagen del santo (1.794) duerme en un muro de piedra. El cielo azulea y la luz despierta a los llamadores. Nos fijamos en uno con forma de media luna (la casa de los Moros) que sobrevive al clima y la avaricia. Regresamos al mismo asfalto, los mismos árboles, las mismas vacas. Cruzamos en silencio Viniegra de Abajo apuntando hacia Logroño.

Una última parada. La misma que antiguamente cumplían caminantes, trashumantes, tratantes y comerciantes. La que hoy siguen honrando viajeros, cazadores, pescadores y senderistas. Junto al río Neila, cruce de caminos en el Alto Najerilla, la Venta de Goyo restituye estómagos y sueños desde principios del siglo XX. Un último bocado de alta montaña. Un último trago de agua serrana. Y un último vistazo mientras atardece y seguimos resbalando hacia la llanura. Allá abajo.

Texto: Sergio Cuesta

 

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¡Al fin solos!, los dos, disfrutando de la gastronomía, el vino, para reencontrarte con tu pareja o incluso para acabar de conquistarla: ¡Bienvenido a La Rioja! Donde las historias siempre tienen un final feliz.

Para empezar, un alojamiento con encanto. Una pequeña casa rural, una hospedería del vino, un antiguo convento con jacuzzi para dos, la suite de un hotel en Logroño… Las ideas son muchas, elige la que más te guste y sorprende a tu pareja.

Podemos completar la velada con una cena para dos. Si queréis descubrir los secretos mejor guardados de una pareja perfecta, ¿qué tal una cena de maridaje? La gastronomía y el vino forman juntos la mejor de las combinaciones. El vino saca lo mejor de los sabores gastronómicos y sin el vino, la gastronomía parece incompleta. Una lección para la vida.

Pero el romanticismo puede encontrarse en cualquier esquina de La Rioja. Podemos empezar por un paseo por los viñedos, a caballo, a pie, en bicicleta o incluso en calesa… tú eliges. Podemos completar la mañana con un curso de cata para dos, en una bodega, en un museo, en el propio hotel… y qué te parecería visitar una bodega y que el dueño os la enseñe sólo a vosotros dos. Elige, entre las bodegas que tienen visita turística, las más pequeñas y te encontrarás como en casa. Aunque las más grandes también os gustarán, llenas de rincones únicos, algunos por centenarios y otros por su diseño vanguardista.

Para seguir uniendo lazos, una vinoterapia para dos. Estos tratamientos que se ofrecen en los Spas de La Rioja, os unirán en un mundo de sensaciones, aromas y relajación. Una auténtica maravilla que despierta todos los sentidos y ayuda a olvidar todos los problemas. Un auténtico milagro ayudado por los extractos naturales de la uva y el vino.

Para finalizar, os sugerimos disfrutar de un atardecer desde alguno de los castillos repartidos por toda La Rioja. El cielo regala a La Rioja atardeceres rojizos que parecen combinarse con las viñas y los hayedos durante el otoño.

¿Se te ocurre un lugar mejor para visitar con tu pareja? 

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Pisamos tierra firme, pero nos alcanza el combate de las olas contra los cascos. Escuchamos historias de necesidad, naufragios y viajes interminables a través del oceáno Atlántico. Nos hablan de navieras con apellidos hidalgos y riojanos, como los Martínez de Pinillos, y de muchos emigrantes que buscaron las Américas. Daniel Viguri Treviño fue uno de ellos. Pagó 9.890 pesetas para navegar desde Bilbao hasta Buenos Aires en el buque Monte Udala, de la naviera Aznar. Su éxodo data del 21 de julio de 1959.

Convento franciscano en el siglo XVIII, escuela, cine y ahora Centro de la Emigración. Un edificio con almas. Dentro, hablan los que se fueron. Las causas nacen en Anguiano, en Brieva, en Ortigosa, en Viniegra de Abajo, en Villoslada, en Torrecilla... La crisis y las ausencias. Regresan sus palabras cargadas de plomo con las emociones intactas. El pasado duele dentro... Aquellos tiempos cuando las laderas estaban teñidas de lana y los telares no daban abasto; cuando las reses eran riqueza para todos; cuando el pueblo entero abrazaba las costumbres; cuando la renta pér cápita de Cameros repuntaba en Europa.

Esta localidad se alimentó de la mesta durante siglos muy prósperos. Las calles de Torrecilla en Cameros descubren aquellos maravillosos años. Por estos lares, los apellidos pesan. Avistamos la casa donde nació José Antonio Manso de Velasco, el Conde de Superunda, y desenmascaramos emblemas y benefactores a cada paso. La piedra y el esplendor se apoderan de todo. La sillería crece hasta levantar la iglesia de San Martín, del siglo XVI. En el interior, escudriñamos dieciséis metros cuadrados de seda, oro y plata; un palio ofrendado por el Conde en el siglo XVIII. Días barrocos.

Centro de la Emigración Riojana en Torrecilla de Cameros.

Desde la ermita de San Antón, acechamos los barrios de El Campillo, San Martín y Barruelos. El Iregua salpica de fuentes cada descanso. Aquí, el agua se embotella. Y la fama  fluye salvaje. Entre apellidos con pedigrí, descolla el de Sagasta. Nos abren las puertas del ayuntamiento para recorrer los hitos de Práxedes Mateo, torrecillano, ingeniero, periodista, masón y presidente del Gobierno español en varios ocasiones a finales del siglo XIX.

Nos señalan senderos y caminos naturales hacia Nieva de Cameros, hacia Pradillo, hacia Viguera, hacia Cueva Lóbrega, mientras abandonamos un instante fotográfico. Al fondo de un callejón pétreo y perfecto, los bosques destiñen un carmesí inhabitual entre los comunes pardos, amarillos y verdes del otoño. Bajo un sol contratado, retomamos el asfalto hacia Villoslada de Cameros. En el trayecto, nos desprendemos pacíficamente de vacas y senderistas.

Unos minutos más arriba, por encima de los mil metros, late el corazón del Parque Natural Sierra de Cebollera, envuelto en pinares, hayedos y rebollos que renacen sobre los antiguos pastos. Una popular feria ganadera evoca en el presente aquellas huellas merinas que perviven en la cultura popular. Los ríos Mayor e Iregua maridan entre la piedra, el adobe, los escudos y la cultura. Nos dicen que Villoslada fue el pueblo con menos analfabetismo de La Rioja en 1920 porque la educación era obligatoria para los zagales que salían a pastorear. Nos lo cuentan mientras ascendemos hacia las escuelas, en la parte alta del callejero.

Cascada de Puente Ra en el Parque Natural de Sierra Cebollera. Foto: Daniel Acevedo

Las casas 'de los chilenos' retrotraen a los años duros, cuando hubo que marcharse para buscar un retorno dorado. La arquitectura que conservan es recia y refinada. Empalmamos rampas y virajes. Cerca de la cima, nos secuestra un mirador bucólico y una mesa repleta de condumio artesano. Invita la familia de La Ermita de Lomos de Orio. La otra, la que alimenta almas pías y adopta romerías, aguarda a nueve kilómetros de la población, en uno de los enclaves más hermosos de La Rioja. 

Junto al Centro de Interpretación, circundamos antiguos círculos de piedra donde los cameranos trillaban el trigo no hace tanto. En el interior, nos aleccionan sobre la flora autóctona. Oteamos montes lejanos y distinguimos sus capas. Los pinares, más resistentes, habitan las alturas; las hayas cubren el suelo más abajo, mucho más frondosas; mientras, los robles rebollos completan las laderas sobre una base más diversa y rica. El renacimiento natural.

Nos señalan La Blanca, La Mesa, la dirección hacia el Achichuelo, pero nosotros avanzamos hacia la plaza, aparcando esos planes para escapadas venideras. Miramos a los ojos a la antigua fábrica de paños (siglos XVIII), rastro de la prosperidad, decenas de empleados y telares; y nos aplicamos en el presente. Ahora nos encañonan unas alubias con sacramentos, unas patatas con chorizo, unos conejos guisados, flanes, natillas,  arroces con leche. El bar restaurante Corona nos sabe añejo.

Entre Villoslada de Cameros y Lumbreras llegaron a reunir más de doscientas mil cabezas de ganado en las faldas de la Sierra. Las ovejas merinas cubrían las faldas de las montañas. Hoy vislumbramos unas cuantas motas blanquecinas jugueteando en la amplitud salvaje. Devoramos una carretera que asciende hacia nuestra última parada, localizada sobre un meandro del Iregua, entre hayas, arces, abedules y más rastros de hidalguía.

Parque Aventura "Sierra de Cameros" en Lumbreras.

Memorizamos calles y viviendas hermanadas antes de atrevernos con la iglesia de San Bartolomé (siglo XVI), un templo enorme donde vive un fastuoso órgano del siglo XVIII. Ascendemos hacia la ermita de la Virgen de la Torre, una curiosa edificación aposentada sobre un antiguo enclave celtíbero. Distinguimos tres piezas adosadas. La primera, una torre vigía; la segunda, un santuario; y la tercera, una casa de juntas. Aquí arriba, todas las imágenes son panorámicas. Encuadramos la vista hacia las ermitas de San Martín y el Santo Cristo, hacia el parque de aventura, hacia antiguas construcciones semiocultas.

De nuevo en movimiento, nos presentan la casa de Fernández de Tejada como la más hidalga de todas las reconocidas y respondemos con un vistazo respetuoso hacia el buen gusto que por aquí tanto abunda. Desciframos escudos y piedras labradas. Nos evadimos por calles discretas y nos detenemos frente a unas viviendas melancólicas. Nos explican que en ellas realojaron a gran parte de los vecinos que habitaron la antigua aldea de Pajares, hoy un embalse próximo.

Pisamos el asfalto de salida, aunque, en realidad, trotamos a caballo sobre la antigua ruta romana que une Lumbreras y Villoslada; nos apresuramos hacia Torrecilla y cruzamos Nestares, Panzares, Viguera e Islallana. En Logroño, tomamos un autobús hacia Bilbao. Y ya en el puerto vizcaíno, compramos los billetes y esperamos en silencio mientras otros conversan sobre maletas perdidas en alta mar. A bordo del mastodonte de acero, nos internamos en un horizonte de bruma y vaivenes serranos.

Texto: Sergio Cuesta

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Patatas con chorizo

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Dos ingredientes básicos como son las patatas y el chorizo se convierten en el plato riojano por excelencia.

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Pudín de peras

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Las peras de Rincón de Soto son el principal ingrediente de esta receta perfecta como postre o para merendar.

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Una sabrosa, ligera y suave crema ideal como entrante y para cenar.

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