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757 results

¿Te gustaría aprender a hacer iglús?,¿ser detective en el bosque y poder interpretar las huellas en la nieve para saber si son de corzo, de zorro o de garduña?, ¿Ser agricultor por un día, podar un viñedo y degustar a continuación un almuerzo típico riojano?

Estos son unos pocos ejemplos de la extensa oferta que La Rioja Turismo te propone como “Actividades de La Rioja en invierno”.

Entra y descubre un montón de experiencias que sólo pueden hacerse desde diciembre a marzo a partir de 2€.

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“Mi corazón espera 
también, hacia la luz y hacia la vida, 
otro milagro de la primavera.”

Antonio Machado.

 

¿Has visto llorar a una vid?

¿Quieres fotografiar desde un todo terreno aves, zorros, corzos, ciervos, jabalís….?

¿Te gustaría identificar orquídeas en campos y bosques? (Hay más de 35 especies distintas)

 

Estas son algunas de las más de 50 actividades de primavera que La Rioja Turismo te propone. ¡Entra y descúbrelas!

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Logroño nos despide augurando tormentas, pero la Sierra nos recibe, una hora después, desterrando la lluvia. Ventrosa ensaya la mejor de sus sonrisas para recibirnos junto al puente de la Hiedra. Aquí arriba, la piedra está comprometida con la naturaleza en un matrimonio permanente.

Instantes después, nos decidimos a recorrer las vetustas arterias de la villa. Nos percatamos de que hoy subiremos y bajaremos continuamente. Rozamos con los dedos de las manos los mil metros de altitud. El barrio alto es pretérito. Por encima de nosotros, en el 'castillo', vive una torre con un reloj de cuatro esferas. Dicen los vecinos que yace sobre el espíritu de una antigua fortaleza y que bajo esa tierra aguardan antiguos tesoros. Añaden que nadie ha tenido la insana valentía de emprender tamaña búsqueda.

Miramos ventanas ínfimas por las que difícilmente penetra el frío. Todo es pétreo y gris suave en primer plano. El horizonte del cuadro, en cambio, brota multicolor. Vislumbramos hojas de azafrán, escarlatas, castañas, naranjas y pistachos. El otoño riojano es intrépido por estos lares. Todos los que por aquí habitan comparten osadía. Dentro de unas semanas, cuando el invierno despierte, lo esperarán dos decenas de personas. Al amable verano lo reciben, sin embargo, unas seiscientas.

Hijos, sobrinos y nietos del pueblo. Nos dicen que las nuevas generaciones han recuperado viejas tradiciones, como la danza de la loba. Benditos reaccionarios, pensamos en justicia mientras nos detienen frente a un añejo Rollo que impartió lecciones de muerte. Damos la espalda al humilladero y seguimos venas pedregosas que asoman intactas en cualquier esquina. Observamos las que fueron no hace tanto enérgicas escuelas (1866). El edificio nos replica en presente con una mirada envejecida. Como la herrería y la lavandería. Sombras.

Ascendemos un poco más hacia la iglesia de San Pedro y San Pablo (siglo XVIII). Antes de alcanzarla, pisamos una alfombra de hojas, algunas crujientes, otras blanduzcas, y descubrimos un rostro anónimo que ha cuidado de este templo como si fuese suyo. En el interior, descansan un bello retablo renacentista y una pila bautismal del siglo XII. 

Nos explican con tristeza permanente la intensa trashumancia que partió de Ventrosa el siglo pasado. Bebemos de la Fuente del Emigrante. Chile absorbió gran parte de la vida de este lugar. En la Casa del Maestro, los objetos toman la palabra. Esquiladoras, zurrones y yugos; aventadoras y trillos; baúles y maletas. La ganadería, la agricultura y el éxodo. Nosotros también nos vamos. En el barrio bajo, nos despedimos de la orgullosa Bendosa (siglo X) por la arbolada calle del Valle.

Descendemos unos cien metros por el asfalto entre ganado vacuno, pastizales y bosques. En menos de cinco kilómetros, estamos abajo. Antiguamente Viniegra de Yuso,  primitivamente Lutia, esta villa pace entre la Sierra de la Demanda y el Camero Nuevo, acomodada en el paisaje, bebiendo del río Urbión. Cuarenta personas respiran este aire puro durante todo el año, un número significativo en este contexto geográfico. 

Nos cuentan historias de emigrantes que hicieron fortuna y retornaron dispuestos a compartir esplendor; relatos habituales en toda la Sierra. La escuela que donó Venancio Moreno, la fuente de los Cuatro Caños que construyó Andrés Ibáñez... Levantamos la vista hacia el Cerro de la Traición mientras escuchamos que allí arriba un general romano pudo castigar severamente a los hijos de los primeros pobladores. Algunos escudos muestran hoy brazos amputados sobre la piedra.

El estilo indiano, virtuoso y ecléctico, nos recibe alrededor de la plaza de Argentina. Admiramos la conservación de las casas palaciegas, de las calles empedradas, de la naturalidad. La mampostería autóctona convive sin rasgaduras con el señorío americano. Abundan los bancos de piedra y huertas olvidadas por habitantes discontinuos.

Nos cuentan que monte arriba levita la ermita de Santiago, aunque nosotros conocemos en persona a la de La Soledad, más próxima. Visitamos la majestuosa casa de Enrique Villar. Él hace tiempo que no está, así que nos contentamos con admirar la fachada e imaginar el interior en tiempos lustrosos. La iglesia de la Asunción, del siglo XVI, nos saca los colores con su sillería rojiza. La atmósfera delata un pasado espléndido.

Paramos ahora en la casa de Irene. Ella sí está, así que entramos y nos dejamos hacer. Manos arriba, caparrones; abajo, menestras. Arriba, carrilleras; abajo, bacalao. Arriba, torrijas; arriba, natillas; abajo, la copa especial. Saciadas las dudas y ejercitadas las extremidades, bajamos entre calles en calma hasta la carretera. Y entonces empezamos a subir de nuevo. Algunas vacas nos contemplan con arrogancia, como si el asfalto, además del campo, también fuese suyo.

Estamos muy arriba (1.181 metros), entre las sierras de San Lorenzo y Urbión, y el cielo escupe sobre nosotros. Cruzamos el río Hormazal y nos escondemos en la ermita de Santa María Magdalena mientras escampa. Caminamos entre nogales y niños en bicicleta que guían nuestra ruta sobre puentes y entre arquitectura popular. En el collado de San Miguel, aseguran, hubo un asentamiento romano durante el siglo I.

En apenas unas semanas, aquí no habrá más de una docena de personas. Durante unos meses, Viniegra de Arriba (de Suso) es solamente suyo. Dentro de la iglesia de la Asunción (siglo XV), nos convencemos de esa placidez invernal. Fuera, escuchamos el agua correr como si fuese conocimiento. La escuela cerró hace cincuenta años, pero todavía conserva retazos: pupitres, libros de estudio, ilustraciones didácticas, fotografías. Nos acompañan hijos y nietos de aquellos alumnos.

Paseamos por el barrio de San Vicente, donde una imagen del santo (1.794) duerme en un muro de piedra. El cielo azulea y la luz despierta a los llamadores. Nos fijamos en uno con forma de media luna (la casa de los Moros) que sobrevive al clima y la avaricia. Regresamos al mismo asfalto, los mismos árboles, las mismas vacas. Cruzamos en silencio Viniegra de Abajo apuntando hacia Logroño.

Una última parada. La misma que antiguamente cumplían caminantes, trashumantes, tratantes y comerciantes. La que hoy siguen honrando viajeros, cazadores, pescadores y senderistas. Junto al río Neila, cruce de caminos en el Alto Najerilla, la Venta de Goyo restituye estómagos y sueños desde principios del siglo XX. Un último bocado de alta montaña. Un último trago de agua serrana. Y un último vistazo mientras atardece y seguimos resbalando hacia la llanura. Allá abajo.

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La Rioja Baja Culture

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Time for itinerary: 1 day

We suggest one day to explore the ancient cultures that left their mark in La Rioja. From Calahorra, ancient Roman Calagurris. A Roman city of great importance as evidenced by the Roman remains left in this town. Calahorra is the capital of La Rioja Baja, after visiting the Cathedral, the Diocesan Museum and other interesting landmarks, be sure to try in one of its excellent restaurants the local vegetables in any form, from the most traditional to nouvelle cuisine.

From Calahorra, it is worthwhile to go to nearby Alfaro where you will see a large number of storks. In the Alfaro collegiate church you can find the largest colony of white storks in Europe. If you like taking pictures, do not forget your camera.

In the Sotos del Ebro Nature Reserve Interpretation Centre you can find an explanation of why these storks have chosen La Rioja to spend most of the year and learn all about the natural beauty of this part of La Rioja.

Following the course of Alhama from Alfaro, you arrive in Cervera, the capital of the eastern Rioja mountains, from there you can access the ancient celtiberian settlement of Contrebia - Leukade, an archaeological site of great interest. There you can learn about the lifestyles of these ancient inhabitants of La Rioja.

And closer to Logroño, in the Ocón Valley, you can wander through the villages in the area and take walks along the valley to visit a wind-powered flour mill that was recently recovered.

You will pass by many places that are worth stopping. Take your time. Stop and enjoy the landscape, the people and the Rioja-style hospitality. If you don't have not enough time to do it all, don't worry. La Rioja is very close and we will be delighted to welcome you back.

Some advice: if you have time, stop in Arnedo, La Rioja shoe capital and do some shopping while you visit this key Rioja town.

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Alone at last !, the two of you, enjoying the food and wine, to reacquaint yourself with your partner or even to finish your conquest: Welcome to La Rioja! Where stories always have a happy ending.


For starters, charming accommodation. A small rural guest house, a wine guest house, a former convent with jacuzzi for two, the suite of a hotel in Logroño... There are many ideas, so choose the one you like and surprise your partner.

You can complete the evening with dinner for two. If you want to discover the best kept secrets of a perfect match, how about a pairing dinner? Food and wine together create the best combinations. The wine brings out the best of flavours from the food and, without wine, gastronomy seems incomplete. A lesson for life.

But romance can be found around any corner in La Rioja. You can start with a walk through the vineyards, on horseback, on foot, by bike or buggy... you choose. You can complete the morning with a tasting course for two, in a winery, in a museum, in the hotel ... and how would you like to visit a winery and have the owner teach only the two of you. Choose among the wineries that have a tourist offer, one of the small ones, and you will feel right at home. Although you will also enjoy the large ones. They are full of unique corners, some because they are over a hundred years old and others because of their avant-garde design.

To continue forging ties, nothing better than wine therapy for two. These treatments are offered by Spas in La Rioja, and they will unite you in a world of sensations, aromas and relaxation. A marvel that awakens all the senses and helps to forget every problem. A true miracle aided by the natural extracts of grape and wine.

Finally, we suggest you watch the sunset from one of the castles scattered throughout La Rioja. The sky gives La Rioja red sunsets that combine beautifully with the vineyards and beech trees in autumn.

Can you think of a better place to visit with your partner?

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Discover La Rioja from this website as if you were here. See every detail with immersive photography. In this website we offer the most comprehensive tour of the most interesting parts of La Rioja. Visit its landscapes, churches, streets, discover restaurants, hotels, rural guest houses... everything. When you come to La Rioja, it will be as if you had already been here.

descubrelarioja.com

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Pisamos tierra firme, pero nos alcanza el combate de las olas contra los cascos. Escuchamos historias de necesidad, naufragios y viajes interminables a través del oceáno Atlántico. Nos hablan de navieras con apellidos hidalgos y riojanos, como los Martínez de Pinillos, y de muchos emigrantes que buscaron las Américas. Daniel Viguri Treviño fue uno de ellos. Pagó 9.890 pesetas para navegar desde Bilbao hasta Buenos Aires en el buque Monte Udala, de la naviera Aznar. Su éxodo data del 21 de julio de 1959.

Convento franciscano en el siglo XVIII, escuela, cine y ahora Centro de la Emigración. Un edificio con almas. Dentro, hablan los que se fueron. Las causas nacen en Anguiano, en Brieva, en Ortigosa, en Viniegra de Abajo, en Villoslada, en Torrecilla... La crisis y las ausencias. Regresan sus palabras cargadas de plomo con las emociones intactas. El pasado duele dentro... Aquellos tiempos cuando las laderas estaban teñidas de lana y los telares no daban abasto; cuando las reses eran riqueza para todos; cuando el pueblo entero abrazaba las costumbres; cuando la renta pér cápita de Cameros repuntaba en Europa.

Esta localidad se alimentó de la mesta durante siglos muy prósperos. Las calles de Torrecilla en Cameros descubren aquellos maravillosos años. Por estos lares, los apellidos pesan. Avistamos la casa donde nació José Antonio Manso de Velasco, el Conde de Superunda, y desenmascaramos emblemas y benefactores a cada paso. La piedra y el esplendor se apoderan de todo. La sillería crece hasta levantar la iglesia de San Martín, del siglo XVI. En el interior, escudriñamos dieciséis metros cuadrados de seda, oro y plata; un palio ofrendado por el Conde en el siglo XVIII. Días barrocos.

Desde la ermita de San Antón, acechamos los barrios de El Campillo, San Martín y Barruelos. El Iregua salpica de fuentes cada descanso. Aquí, el agua se embotella. Y la fama  fluye salvaje. Entre apellidos con pedigrí, descolla el de Sagasta. Nos abren las puertas del ayuntamiento para recorrer los hitos de Práxedes Mateo, torrecillano, ingeniero, periodista, masón y presidente del Gobierno español en varios ocasiones a finales del siglo XIX.

Nos señalan senderos y caminos naturales hacia Nieva de Cameros, hacia Pradillo, hacia Viguera, hacia Cueva Lóbrega, mientras abandonamos un instante fotográfico. Al fondo de un callejón pétreo y perfecto, los bosques destiñen un carmesí inhabitual entre los comunes pardos, amarillos y verdes del otoño. Bajo un sol contratado, retomamos el asfalto hacia Villoslada de Cameros. En el trayecto, nos desprendemos pacíficamente de vacas y senderistas.

Unos minutos más arriba, por encima de los mil metros, late el corazón del Parque Natural Sierra de Cebollera, envuelto en pinares, hayedos y rebollos que renacen sobre los antiguos pastos. Una popular feria ganadera evoca en el presente aquellas huellas merinas que perviven en la cultura popular. Los ríos Mayor e Iregua maridan entre la piedra, el adobe, los escudos y la cultura. Nos dicen que Villoslada fue el pueblo con menos analfabetismo de La Rioja en 1920 porque la educación era obligatoria para los zagales que salían a pastorear. Nos lo cuentan mientras ascendemos hacia las escuelas, en la parte alta del callejero.

Las casas 'de los chilenos' retrotraen a los años duros, cuando hubo que marcharse para buscar un retorno dorado. La arquitectura que conservan es recia y refinada. Empalmamos rampas y virajes. Cerca de la cima, nos secuestra un mirador bucólico y una mesa repleta de condumio artesano. Invita la familia de La Ermita de Lomos de Orio. La otra, la que alimenta almas pías y adopta romerías, aguarda a nueve kilómetros de la población, en uno de los enclaves más hermosos de La Rioja. 

Junto al Centro de Interpretación, circundamos antiguos círculos de piedra donde los cameranos trillaban el trigo no hace tanto. En el interior, nos aleccionan sobre la flora autóctona. Oteamos montes lejanos y distinguimos sus capas. Los pinares, más resistentes, habitan las alturas; las hayas cubren el suelo más abajo, mucho más frondosas; mientras, los robles rebollos completan las laderas sobre una base más diversa y rica. El renacimiento natural.

Nos señalan La Blanca, La Mesa, la dirección hacia el Achichuelo, pero nosotros avanzamos hacia la plaza, aparcando esos planes para escapadas venideras. Miramos a los ojos a la antigua fábrica de paños (siglos XVIII), rastro de la prosperidad, decenas de empleados y telares; y nos aplicamos en el presente. Ahora nos encañonan unas alubias con sacramentos, unas patatas con chorizo, unos conejos guisados, flanes, natillas,  arroces con leche. El bar restaurante Corona nos sabe añejo.

Entre Villoslada de Cameros y Lumbreras llegaron a reunir más de doscientas mil cabezas de ganado en las faldas de la Sierra. Las ovejas merinas cubrían las faldas de las montañas. Hoy vislumbramos unas cuantas motas blanquecinas jugueteando en la amplitud salvaje. Devoramos una carretera que asciende hacia nuestra última parada, localizada sobre un meandro del Iregua, entre hayas, arces, abedules y más rastros de hidalguía.

Memorizamos calles y viviendas hermanadas antes de atrevernos con la iglesia de San Bartolomé (siglo XVI), un templo enorme donde vive un fastuoso órgano del siglo XVIII. Ascendemos hacia la ermita de la Virgen de la Torre, una curiosa edificación aposentada sobre un antiguo enclave celtíbero. Distinguimos tres piezas adosadas. La primera, una torre vigía; la segunda, un santuario; y la tercera, una casa de juntas. Aquí arriba, todas las imágenes son panorámicas. Encuadramos la vista hacia las ermitas de San Martín y el Santo Cristo, hacia el parque de aventura, hacia antiguas construcciones semiocultas.

De nuevo en movimiento, nos presentan la casa de Fernández de Tejada como la más hidalga de todas las reconocidas y respondemos con un vistazo respetuoso hacia el buen gusto que por aquí tanto abunda. Desciframos escudos y piedras labradas. Nos evadimos por calles discretas y nos detenemos frente a unas viviendas melancólicas. Nos explican que en ellas realojaron a gran parte de los vecinos que habitaron la antigua aldea de Pajares, hoy un embalse próximo.

Pisamos el asfalto de salida, aunque, en realidad, trotamos a caballo sobre la antigua ruta romana que une Lumbreras y Villoslada; nos apresuramos hacia Torrecilla y cruzamos Nestares, Panzares, Viguera e Islallana. En Logroño, tomamos un autobús hacia Bilbao. Y ya en el puerto vizcaíno, compramos los billetes y esperamos en silencio mientras otros conversan sobre maletas perdidas en alta mar. A bordo del mastodonte de acero, nos internamos en un horizonte de bruma y vaivenes serranos.

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Patatas con chorizo

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Dos ingredientes básicos como son las patatas y el chorizo se convierten en plato riojano por excelencia.

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Pudín de peras

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Las peras de Rincón de Soto son el principal ingrediente de esta receta perfecta como postre o para merendar.

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Las Conchas de Haro Ravine receives the River Ebro by opening a door for it in the middle of the Obarenes Mountains. On the right-hand bank is the whole of La Rioja, except the La Sonsierra region which, as its name (under the sierra) suggests, is nestled on the left bank of the river in the shadow of Sierra de Toloño.

You have just entered wine country. The almost 1,000 metres of the Cellorigo, Galbárruli and San Felices escarpments in the Obarenes mountains acts as a barrier to the humidity from the north and the limestone soil with its abundant sandstone provides a good anchor for the vines.

But above all, it is the hard work of the Riojan people which makes the miracle happen. This land of vineyards, which is generous in its fruits and changes with the seasons, is just waiting for you to explore it, to come and have a drink, a meal and stay the night. It will make you feel at home.

On foot, on bike, on horseback… explore the footpaths and discover the old vine sheds, stone huts which are still used for storing farming implements, and cave presses, holes carved in the rock in which wine has been pressed for centuries.

Above your head, a large group of golden eagles, peregrine falcons, Egyptian vultures and griffon vultures use the crags to land between holm oaks, tree strawberries, box trees and other aromatic plants. 

If you climb the Toloño or Bilibio peaks, look for humid zones where the gall oaks provide shady spots ideal for taking a break and enjoying a sip of wine. Oh, and remember, every year on 29 June the Wine Battle is held on the Bilibio Crags.

The Ebro winds its way through the northern end of La Rioja. Evidence of its presence includes the wide meanders lying between the towns of Briñas and Haro or between Briones and San Vicente de la Sonsierra. A serpent of water that brings sustenance to the forests on its banks and which can been seen, to name but one place, from the vantage point of a hot-air balloon in Haro. 

If you follow the Ebro you will arrive at Sierra de Cantabria where rocky escarpments mix with huge vertical walls standing well over 1,000 metres. Over this Sierra, the Santiago Pilgrim Trail arrives in Logroño and offers wonderful views of vineyards and poplar groves which, in places, hide the course of the river.

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Tiempo: 36 h

Kilómetros: 3,20 h

Desnivel acumulado: 530 metros

Interés: Paisaje, pueblos, cultural, monumental

Tipo de firme: pista, asfalto

Época recomendada: Primavera y Otoño

Dificultad: media

Agua: en todos los pueblos hay fuente

 

Descripción

Salimos de Nájera desde el Monasterio de Santa María La Real, por el Camino de Santiago, una vez pasado el primer repecho y ya de bajada tomaremos la primera a la izquierda abandonando el camino de los peregrinos, tomando esta ruta hacia el oeste llegaremos a la carretera LR- 312 giramos a la izquierda dirección Cordovín, el cual lo atravesamos dirección Badarán.

 

Ya en esta localidad  bajaremos a la vega del Río Cárdenas por un camino que sale una vez cruzado el puente del pueblo y no abandonaremos este camino ribereño hasta llegar a San Millán de la Cogolla.

 

Una vez aquí y tras visitar sus emblemáticos Monasterios de Suso y Yuso podemos dirigirnos hacia Berceo por carretera e igualmente siguiendo la LR 206 hasta Cañas, donde nos aguarda la Abadía Cisterciense. En Cañas tomaremos desvío por caminos hacia las cercanas poblaciones de Canillas de río Tuerto y Torrecilla sobre Alesanco, desde allí y por asfalto llegaremos a Alesanco y tras breves kilómetros en la LR 206 llegaremos a Azofra desde donde retornaremos a Nájera cual peregrinos de viaje de vuelta por el trazado del Camino de Santiago.

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