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1101 results

Tiempo: 2,45 h

Kilómetros: 32 km

Desnivel acumulado: 280 metros

Interés: Cultural y paisaje

Tipo de firme: asfalto y camino

Época recomendada: Todo el año

Dificultad: baja

Agua: en La Grajera, Navarrete y Fuenmayor

 

Descripción

 

La salida se realiza en La Grajera, por el camino de Santiago, una vez atravesada la carretera que lleva hasta Navarrete en lugar de continuar por el camino de Santiago, tomamos un desvío que nos llevará (un tramo entre viñas) hasta el túnel que pasa por debajo de la carretera nacional que va a Fuenmayor.

 

Siguiendo este camino llegaremos hasta Fuenmayor, donde tomaremos el sendero del Ebro GR -99 dirección norte, que tras acompañar muy de cerca el transitar del Río Ebro nos lleva hasta al barrio El Cortijo, pasaremos por las antenas y volveremos hasta Logroño, llegando a la zona de Valdegastea, donde siguiendo el carril bici nos devolverá por el Parque San Miguel a La Grajera, otra opción en la zona de Valdegastea es continuar acompañando al Ebro a lo largo de la Ciudad de Logroño hasta el barrio de Varea (5 km), un tramo que nos permitirá disfrutar de una ciudad abierta al su Río.

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Flora y fauna ZEPAS

tipo de documento Artículos

La Rioja has six natural areas that form part of the Natura 2000 Network, some as Special Protection Areas for birds (SPABs).

 

The La Demanda, Urbión, Cebollera and Cameros Mountain Ranges on the border with the provinces of Soria and Burgos and high mountains in the Iberian Range such as San Lorenzo ( 2271 m), Los Picos de Urbión ( 2228 m) and La Mesa de Cebollera ( 2168 m). The habitat is mainly highland moors and juniper groves, beech groves, conifer forests, mixed forests and felling areas. 
The area also contains a number of protected species such as the short toed eagle, the golden eagle, the grey partridge, the northern harrier, the honey buzzard, the booted eagle and the horned owl.

 

La Sierra de Alcarama, located in the middle of the Iberian Mountain Range on the border with Soria, is a complex web of gorges and ravines carved out of the rocks by the Rivers Alhama and Añamaza.

 

Iregua, Leza and Jubera Peaks, to the south of Logroño, among the foothills of the Northern Iberian Range, enjoy a cooler, more temperate climate. They are home to a number of protected species including the griffon vulture, falcons and the golden eagle.

 

The Obarenes Mountains are located in the Cantabrian Range in the north-western mountain massif of La Rioja, near the Iberian Range. The habitat mainly consists of low sclerophyllous hills with holm oak groves, crags, bare rocks and cliffs inhabited by protected species such as the Egyptian vulture, the peregrine falcon, the golden eagle, the horned owl, Bonelli’s eagle and the griffon vulture.

 

Arnedillo and Peñalmonte Peaks and Peña Isasa, in La Rioja Baja, encompass part of the River Cidacos in the municipalities of Arnedillo, Préjano, Arnedo and Muro de Aguas. The griffon vulture and the horned owl can often be seen in this area.

 

Groves and Ebro River Banks. All along the River Ebro there are a number of zones with woods and copses overlooking its banks, true oases in the deforested Ebro basin and a key element in maintaining biodiversity. The vegetation in these groves is dominated by white and black poplars, as well as by willows, elms, ashes, alders and tarays.

For more information about the flora and fauna of La Rioja, visit the Directorate – General for the Environment’s website at www.larioja.org/ma or click here.

- See more at: http://www.lariojaturismo.com/flora_fauna_zepas/index.php#sthash.1VLivmWE.dpuf

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Visitar La Rioja es siempre un incentivo. Su gastronomía, su vino, sus paisajes maravillosos...

Exclusividad. La Rioja está llena de pequeños lujos. Probar de una barrica en una bodega centenaria, en una visita exclusiva. Hospedarte en San Millán de la Cogolla donde se encontraron las primeras palabras escritas en castellano. Disfrutar de la gastronomía típica riojana en un antiguo calado. Hacer una cata de vinos en un claustro o en medio de un bosque. Los detalles inolvidables son la nota diferencial de La Rioja.

         En una bodega, en un museo, en el claustro de un monasterio… En La Rioja existen lugares únicos para la celebración de eventos, ¿Qué te parece un desfile de moda en una bodega? ¿Una gymkhana entre viñedos? ¿Y un curso de cata en el bosque? Los profesionales de congresos e incentivos riojanos te ayudarán a que el viaje sea perfecto.

 

         La Rioja y el vino. Elige el lugar en el que quieres aprender sobre el vino: el hotel donde te alojas, en el Museo de la Cultura del vino Dinastía Vivanco, en el Consejo Regulador del Vino de Rioja… en medio de un bosque. En La Rioja, todo está preparado para que degustes, disfrutes de los matices, aprendas a amar más el vino. Para todos los niveles. Todo maridado con la mejor gastronomía riojana. Te llevarás muy buen sabor de boca.

         Cultura a la carta. Existen en La Rioja restos de todas las culturas que han pasado por la Península Ibérica: yacimientos celtíberos y visigóticos, vestigios romanos, joyas desde el románico a nuestros días se diseminan por la región, el Camino de Santiago y hasta huellas de dinosaurios. Las formas artísticas más vanguardistas pueden contemplarse en el nuevo museo Würth de arte moderno o en las bodegas más vanguardistas.

 

         Todos los paisajes en una hora. De tu vuelo en parapente desde el pico San Lorenzo en Ezcaray a tus golpes en los Clubs de Golf de La Rioja te separa menos de una hora. Si el Camino de Santiago te invita a un paseo entre las viñas, hazle caso. Un recorrido en jeep por pistas forestales abiertas sólo para ti te descubrirá rincones únicos. ¿Qué te parece recorrer los viñedos a caballo? Todo es posible en La Rioja y todo, en distancias mínimas.

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Seguimos el curso del Alto Leza. De acuerdo al testamento geológico, pisamos el suelo más antiguo de toda La Rioja. Hace 120 millones de años, por aquí caminaron saurios gigantes que dejaron impresas sus huellas para siempre. En este entorno, hace unos cuantos milenios, germinaron asentamientos humanos. Todas las cimas tienen historias que son Reserva de la Biosfera. Y por las calles que habitan la Sierra, abundan los ilustres. Políticos, empresarios, religiosos, indianos. El Camero viejo no olvida.

De los veintiún pueblos que decoran estas montañas, catorce continúan habitados. Un camino curvoso nos conduce hacia el corazón del cuerpo rocoso. Alcanzamos una población con muchas caras y todas semejantes. Asoma la piedra en las plantas bajas pero más arriba crecen el adobe y la cal. Vidas uniformes. Laguna de Cameros nos recibe impoluta sobre alfombras empedradas. Por estas tierras, los nombres mudan en cada muga. Bajo nosotros, discurre el río Mayor, que en San Román es el Leza.

Plantamos los pies sobre la plaza José de la Cámara y Moreno, un emigrante afortunado y agradecido con su pueblo. Nos cuentan que donó las escuelas y entendemos que difícilmente podía haber mejor regalo para la mente. Entramos en una iglesia del siglo XVI construida en ofrenda a Nuestra Señora de la Asunción. El templo religioso custodia un imponente retablo barroco y una réplica de la Sábana Santa de Turín que descubre como donante a Juan Antonio de Irusta y Alonso de Tejada. La lista de laguchinos ilustres evoca instituciones nobiliarias y señores medievales. En el Museo del Solar de Tejada, nos adentramos en una de las casas privilegiadas más antiguas de España.

Ascendemos para ganar perspectiva sobre los entresijos de Laguna. Algunas chimeneas humean en silencio. Nos señalan la ruta hacia el puerto de Sancho Leza, la coyuntura entre los valles de los dos Cameros, el viejo y el nuevo. Antes de regresar sobre nuestros pasos, probamos el queso fresco de cabra autóctona que prepara aquí mismo María José González. Las abuelas cameranas inspiran a este pequeño taller artesanal.

Aquí una vez hubo hasta 1.200 habitantes. De camino a la ermita de Santo Domingo de Silos, imaginamos cómo serían las procesiones entonces. La muchedumbre tomando la montaña. Dicen que el beato cumplió penitencia en estos riscos y ese sacrificio pervive como devoción. Nos avituallamos en el Hotel-Restaurante Camero Viejo antes de enfrentarnos con la culebra de asfalto.

En San Román de Cameros, miramos hacia el suelo. Seguimos cruces, cuadrados y ramificaciones naturales a través de plazas y lavaderos. Felpudos pavimentados advierten la vida y el riguroso trabajo de unos canteros de Trevijano. Aquí, las piedras son ripios. Subimos y subimos por la 'recua'. Los ojos clavados bajo nuestros pies.

En la plaza del olmo ya no queda ningún olmo. Nos explican que un antiguo poblado celtíbero asentado monte arriba conquistó el entorno hace miles de años. Con el tiempo, la vida fue descendiendo en círculos concéntricos. Como consecuencia, las viviendas asoman más fachada que espalda. Algunos vecinos nos recuerdan que no hace tanto los animales vivían en las plantas bajas y arriba sus dueños. El último piso era el alhorín. Usos de la cultura rural.

Paseamos entre emblemas e ilustrados. Contemplamos la casa donde nacieron los hermanos Diego y Simón de Ágreda. Las escuelas, fundadas por ellos en 1787, son las más antiguas de La Rioja con las puertas abiertas. Dentro, visitamos el museo y leemos libros de texto añejos entre pupitres y recuerdos escolares.

Nos revelan que en este pueblo se conserva el archivo del Solar de Valdeosera, casa nobiliaria omnipresente en la Sierra y que enraíza en una aldea hoy abandonada. Sabemos también que Manuel Antonio García Herreros, célebre político español del siglo XIX, nació en San Román. Entramos en la iglesia de la Asunción bajo un peculiar arco de toba caliza. En el interior, recorremos los retablos de pueblos rendidos tiempo atrás.

Desde aquí, contemplamos la aldea de Velilla, que se sostiene con vida. Nos proponen rutas por tejeras, dólmenes, hayedos y ruinas históricas; es una incitación para respirar y escuchar a la naturaleza, para imaginar hechos pretéritos y observar con atención. Pero ahora llama el hambre. En el restaurante Monterreal, todo son dudas preliminares. ¿Las alubias rojas? ¿Patatas con chorizo? ¿Quizá una ensalada? ¿Has dicho croquetas con jamón? ¿O carrilleras? ¿Y callos? ¿También manitas? El menú nos devora a nosotros.

De nuevo, una carretera cerrada y la vista escondida. Aparece Soto en Cameros como un intrigante accidente geográfico. Zona inundable, picos y valles. Por aquí, el Leza discurre por un asombroso cañón natural. Por aquí, anduvieron dinosaurios hace millones de años. Vemos icnitas sobre piedras prehistóricas y acariciamos ese rastro geológico. El testamento emergido. Rodeamos el pueblo, que llegó a ser capital de La Rioja, por un tranquilo sendero natural que deriva en la Fuente de los Tres Caños, antiguo centro. Desde aquí, visualizamos un escenario que admitió a casi 3.000 almas en tiempos de esplendor.

Cruzamos puentes y envolvemos con nuestros pasos la iglesia de San Esteban Protomártir. Nos acecha con el semblante de una sólida fortaleza, disimulando heridas y cicatrices. En la atalaya, duerme la ermita de Nuestra Señora del Cortijo. Aquí, también nos persiguen los escudos y apellidos de plomo. El Marqués de Vallejo, Francisco Luis Vallejo Elía, Juan Adán de la Parra, los hermanos Ximénez... A estos últimos se les debe el antiguo hospital de San José, hoy un albergue con presencia esplendorosa.

 

Empieza a oscurecer el cielo sobre el Camero viejo. Antes de evadirnos, nos conducen hacia un taller emblemático. En 1874, Juan de Dios Redondo inició un negocio de mazapanes artesanos que ha arrastrado marca y fama hasta la actualidad. Sus bisnietas prolongan la tradición. Nos enseñan el horno de leña, una maravilla ingeniera donde cuecen las mezclas secretas de almendra, agua y azúcar. Catamos bocados naturales y otros de chocolate. Paladeamos y almacenamos el dulzor en la memoria mientras descendemos de regreso a casa.

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The river banks along the middle reaches of the Ebro River in La Rioja Baja are home to the Sotos de Alfaro Nature Reserve, a unique ecosystem of forests and wild birds nestled beside the river. Come and lose yourself in the wilderness and relax in the shade of its trees while enjoying a spot of bird watching.

The course of the river digresses sharply here, creating and destroying meanders, islets and beaches. Flooded groves form unique wildernesses of black and white poplars, willows, ashes and alders in which you can see storks, herons, cormorants, blackbirds, kites, hoopoes and kingfishers, among others.

If you look down at the water you may spot a European mink or an otter. And if you keep very still, you may see foxes, rabbits and wild boars. The La Duquesa and Morales groves are particularly beautiful and contain a diverse range of riverbank wildlife.

In Soto de Estajao there is a circular trail that takes you to the heart of a flooded river grove. Keep your eyes open because this is the best place to see all the birds and trees contained in this unique environment. You will almost certainly want to stop for lunch in its picnic area, set right in the middle of this natural paradise.

Of all the species that inhabit the copses, the stork is the undisputed king, with hundreds of specimens nesting in the region. Do you want to visit them at home? Take a trip to the Roman, baroque and renaissance town of Alfaro (known also for its delicious vegetable dishes), where more than one hundred pairs of storks have taken over the roof of the San Miguel Collegiate Church. 

In addition to the architectural beauty of this 17th century building, which has been declared a  National Historical-Artistic Monument, it is also known for the hundreds of storks that nest on its roof and fly around the city perching to rest on chimneys and rooftops everywhere. In the summertime, when the older chicks begin to fly, the church may house over 400 birds.

In the Sotos de ALfaro Nature Reserve Visistors Centre, located opposite the church, you will discover that it is impossible to get lost in your rambles around the groves. Furthermore, you will also be afforded a closer look at the church storks, thanks to the remote-controlled  camera installed on the roof. Enjoy nature up close.

 

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Presentamos una nueva forma de conocer La Rioja gracias a la teconología "parallax". Entra y descubre porqué La Rioja apetece. www.lariojapetece.com

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Un postre tradicional al que se le añade queso camerano para darle un toque riojano.

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Un plato muy nutritivo elaborado con una de las verduras más preciadas de la huerta riojana.

 

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Debemos cruzar Treviana. Debemos franquear esta puerta de entrada hacia los siglos XI, XII y XIII si queremos acceder al interior del románico riojano. Al otro lado, nos aguarda un escenario de colores congénitos atenuados, de antiguas mugas y bastiones defensivos erigidos por la naturaleza durante millones de años. Desde Treviana, avistamos las dentelladas de los montes Obarenes; el norte nos sobrevuela desgarrado por la roca. Desde aquí, también adivinamos el curso del río Tirón, que insemina de vida a las tierras del sur.

Recorremos un silencio de plomo sobre puentes arcaicos, bajo vuelos rapaces y entre árboles, ermitas, capillas e iglesias añejas. Pisamos la sangre derramada por cristianos y musulmanes durante dos siglos de lucha; avanzamos en medio de un pulso por la hegemonía peninsular mientras rememoramos batallas, alianzas y victorias. El terruño nos habla y nos cuenta que el mundo no expiró en el año 1.000 (tampoco en el 2.000), como muchos temían; y que la paz compareció, finalmente, en favor de los castellanos (1.177).

Interpretamos nuestra excursión en el Centro del Románico, situado en el corazón de Treviana, junto a la iglesia de Santa María La Mayor. Nos explican que en aquellos tiempos de peregrinación hacia Jerusalén, Roma o Santiago de Compostela, la fe difundió culturas y tendencias a través de estos caminos religiosos. El románico viajó así por toda Europa occidental, ramificando técnicas y empapando conciencias; evocando un pasado romano esplendoroso.

Meditamos sobre los canteros y su intransferible habilidad para hacer que las piedras hablen. Las dovelas nos demuestran cómo perviven los arcos una vez que escapan de las cimbras. Observamos fachadas, pilas bautismales y tallas marianas nacidas aquí, apreciando semejanzas estilísticas y divergencias temporales.

Todavía no abandonamos Treviana. A las afueras de la localidad, la capilla inconclusa de la Concepción se nos presenta sola. Nos saludan desde lo alto sus canecillos y los capiteles nos acechan firmes en la cabecera, única parte completa del proyecto original. El viento runrunea a sus anchas sobre esta llanura e irrumpe en un interior abierto que delata retrasos, suspensiones y añadidos muy posteriores, circunstancias bastante ordinarias en cualquier plan de obra. La ermita de Junquera nos despide a unos cuantos cientos metros de las últimas viviendas, también vestida de épocas dispares. La cabecera, como en la Concepción, persiste románica.

Nos cuentan que en San Millán de Yécora nació, allá por el siglo XIII, una pila bautismal que reposa actualmente en la iglesia de los Santos Mártires de Calahorra; entretanto, ascendemos hacia el gran murallón natural que son los Obarenes, cada vez más colosales.

El grosor de los muros convierte los umbrales en accesos privilegiados. Entramos en la iglesia de San Román, en Villaseca. Abruptamente, desaparece la luz. El alabastro que cubre las aspilleras cauteriza el ábside y atenúa la claridad exterior, quedando la estancia protegida, íntima y húmeda, mientras paseamos las miradas alrededor. Imaginamos a hombres medievales orando en silencio entre las sombras y fantaseamos con murales coloristas que ya no existen.

En el vecino Castilseco, descubrimos otra memoria del siglo XII. Dentro de la iglesia de San Julián, nuestros ojos sobrevuelan la bóveda de cañón apuntada que cubre el anteábside y el arco triunfal (también apuntado) que separa nave y presbiterio. Escuchamos en silencio a la piedra, que tantas historias nos quiere relatar.

Ya estamos tocando las montañas. En Foncea, lo que queda de la ermita de Santa María de Arcefoncea evoca el antiguo poblado de Arce, extinguido por obra de la peste entre los siglos XIV y XV. Saltamos hacia Cellorigo, un enclave estratégico que fue regado con sangre de musulmanes y cristianos entre los años 882 y 883. Paseamos por ruinas prerrománicas en la ermita de Santa María del Barrio, abrazados a los Obarenes, y nos aplicamos oteando el llano, como hacían los antiguos para prevenir visitas. Tras otro brinco, nos plantamos en la iglesia de San Esteban, en Galbárruli, un recuerdo románico tardío, casi gótico.

El castillo de Sajazarra asoma en la estepa como custodia de la iglesia de Santa María de la Asunción. Dentro del templo, reclaman nuestra atención la cabecera rectangular, las arquivoltas baquetonadas, las impostas abiseladas y los arcos fajones. Muy cerca, en Fonzaleche, honramos a la iglesia de San Martín, el modelo románico más antiguo de la cuenca del Tirón (mediados del siglo XII).

Cerco al Tirón

Descendemos a Tormantos, Leiva y Herramélluri, donde la expresión artística ha disimulado sus huellas hurgando en la frontera castellanoleonesa; y perseguimos el río Tirón. En el pórtico de la iglesia de San Esteban, en Tormantos, una piedra sillar nos recita una inscripción lapidaria románica. Algunos estudiosos piensan que el nombre de Leiva deriva de la antigua ciudad romana de Libia. La sombra de su castillo (siglo XV) nos escolta en dirección Herramélluri, donde otra  iglesia de San Esteban da cobijo a una pila bautismal medieval.

El curso del agua nos aproxima a Ochánduri, donde la iglesia de Santa María de La Concepción se revela como un impresionante legado del románico tardío (finales del siglo XII, comienzos del XIII). Sobre la nave de tres tramos, originalmente de madera, cabalgan ahora bóvedas de crucería del siglo XVI.

Asentada sobre una amplia explanada, la ermita de Santa María de Sorejana combate vientos y tempestades en los alrededores de Cuzcurrita de Río Tirón, a unos metros del cauce. El templo, resultado de dos fases constructivas bien diferenciadas, una tardorrománica y otra plenamente gótica, nos abre un gran pórtico de entrada en el muro sur, enmarcado en siete arquivoltas apuntadas.

Navegamos hasta Tirgo. En la iglesia de El Salvador, identificamos con claridad algunos de los elementos arquitectónicos más característicos del románico riojano: el arco triunfal, las bóvedas de cañón y de cuarto de esfera, las ventanas de medio punto y los múltiples postizos.

Vadeamos el río Tirón para curiosear la ermita de San Román de Ajugarte, en Casalarreina, que nos divisa desde su imponente espadaña. Más arriba, cruzamos el puente del Priorato, en Cihuri, conformado por dos bellos arcos y un aliviadero; y nos inclinamos ante la pila bautismal de Anguciana, procedente de la ermita de Santa María de la Oreca y hoy guarecida en la iglesia parroquial de San Martín.

El Tirón se agota en Haro, devorado por el Ebro, pero el viaje no finaliza aquí. El románico multiplica paradas y prolonga caminos más allá de los mapas. En nuestras mentes, los templos perduran íntegros y saturados de vida medieval.

Texto: Sergio Cuesta

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