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Senderos de La Rioja

Senderos de San Millán

tipo de documento semantico rtpath

3 senderos de entre 2 y 7 km (de 40 minutos a 2 horas)

Etapas

Para llegar al comienzo del sendero tomamos desde San Millán el camino peatonal Yuso-Suso. Este camino sale de la plazoleta de acceso al monasterio de Yuso, donde hay un cartel con los senderos de la zona (camino peatonal Yuso-Suso, El Aidillo, camino peatonal Yuso-Suso, Labardera) y cruza la carretera hacia el cementerio. El recorrido está marcado por postes de madera con indicaciones en los cruces de caminos. Nosotros hemos de subir hacia el monasterio de Suso y en una bifurcación dentro del pinar seguir la indicación hacia Villar de Torre, en vez de hacia Suso. Al cabo de unos 100 m encontramos el cartel de inicio de esta ruta. Tras el cartel tomamos la senda que sube por el borde del pinar, cruzamos una carretera y seguimos por la pista que asciende una ladera deforestada con ejemplares sueltos de quejigos, rebollos y encinas. En las laderas de los montes de nuestra izquierda aparecen plantaciones de abeto de Douglas que se extiende por una amplia zona. Seguimos y al rato estamos caminando bajo el arbolado, con las plantaciones a la izquierda y una hilera del bosque autóctono de rebollo a la derecha. Llegamos a un cruce de caminos donde una flecha nos indica que hemos de seguir recto entrando en un rebollar más extenso. De nuevo, a unos 200 m, encontramos otro cruce en el que tomamos la pista que desciende suavemente hacia el barranco de Oncedillo por el rebollar. Atravesamos el arroyo sobre un puente y al poco cruzamos un vallado que protege una repoblación en esta ladera. Al cabo de casi un kilómetro de subida, se acaba la pista, salimos del vallado y tomamos una senda que baja por un bosque de rebollos con abundante hiedra en sus troncos hasta el barranco de Valdez. Seguimos el sendero a media ladera, que al rato se incorpora a un camino que tomamos hacia unos corrales abandonados. El camino se dirige ahora a la zona agrícola divisándose una gran recta de casi un kilómetro. Nosotros apenas recorremos 100 m y giramos a la izquierda bordeando una parcela agrícola repoblada con abetos de Douglas y siguiendo otro camino agrícola hasta antes de girar hacia el valle 500 m delante. En ese punto tomamos un nuevo camino que lleva nuestra dirección y que va entre la zona de monte y la de cultivos. Nos dirigimos a una nueva vaguada con rebollar y cruzamos el royo de Sacavacas. A través de una zona de monte bajo llegamos hasta al denominado camino de la Linde, que entre campos de cultivo y tras 2 kilómetros de marcha nos llevará hasta el pueblo de Villar de Torre sin pérdida.

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La ruta se inicia en la plazoleta que hay frente al acceso al monasterio de Yuso. Allí encontraremos un panel informativo con una fotografía aérea de los recorridos que podemos hacer, junto a diversos datos de interés sobre otros senderos de la zona. Una vez cruzada la plazoleta y la carretera, iniciamos el ascenso. Dejamos a la izquierda el cementerio y pasamos junto a las últimas construcciones del pueblo hasta llegar a la senda que nos conducirá al bosque. Nos reciben los primeros pinos de buen porte y un roble quejigo aislado nos avisan de cuál es el árbol que domina el bosque de la ladera que tenemos frente a nosotros. Enseguida atravesamos un primer cruce, sin cambiar de dirección, y poco después llegamos a otro en el que debemos tomar el camino de la derecha y ascender por un corto pero acusado repecho hasta internarnos en el pinar. El paisaje que nos rodea es un bosquete de pino negral o laricio (Pinus nigra) plantado en los años cincuenta. El ambiente es acogedor y la senda serpentea en suave ascenso; por el camino, es fácil observar algunos rebrotes de roble que, bajo la protección de los pinos, crecen para recuperar la vegetación natural del paraje. Otro repecho de poca dificultad nos lleva hasta un camino que cruza el bosque. El desvío de la derecha lleva al comienzo de otra ruta señalizada el camino San Millán Villar de Torre. Nosotros seguimos el desvío de la izquierda y vamos poco a poco abandonando el pinar para adentrarnos en un robledal de quejigos (Quercus faginea). Este robledal presenta un sotobosque bien desarrollado, en el que podemos encontrar un importante número de especies arbustivas como el enebro, el bonetero y aligustre; también aparecen otros arbolitos como el arce campestre, el avellano y el cerezo silvestre. Abunda el brusco, arbustillo de bajo porte muy singular, ya que sus tallos se asemejan a hojas siempre verdes y con afilados pinchos, junto a los que aparecen, en otoño, los frutos en forma de brillantes bolas rojas. El musgo y las yedras que trepan por la cara norte de los robustos troncos de los robles nos indican que vamos entrando en la vaguada, cada vez más húmeda, y el ascenso nos conduce muy pronto hasta nuestro objetivo: el monasterio de Suso. Tras la visita al monumento, continuamos el paseo por el camino empedrado que desciende, dejando el monasterio a la derecha. Desde aquí se puede contemplar el quejigal que hemos dejado atrás y, por encima de él, entre rocas de conglomerado calizo, aparece un carrascal con encinas de buen porte que se asientan sobre suelos más pobres y difíciles de colonizar por otras especies menos rústicas que estos árboles. Por las traseras del monasterio nos acercamos a otra vaguada totalmente cubierta de grandes árboles. Nuestro regreso a Yuso discurrirá por este bosque, pero antes merece la pena desviarse por un camino que nace a la derecha y que nos conduce a una fuente de aguas claras y frescas, donde podemos refrescarnos en verano. Un estrecho portillo, en la cerca que limita el monte para evitar que el ganado penetre en el entorno monacal, lleva a una ancha pista forestal. Al poco de comenzar a caminar por la pista, encontramos una señal que nos ofrece dos alternativas para el descenso. Siguiendo la pista elegimos la ruta más larga y a través del camino Labardera nos conduce por el robledal y por un bien desarrollado pinar, en el que los laricios dan paso en altura a los pinos silvestres, cuyos troncos asalmonados se distinguen con facilidad del resto de pinos. La pista, prácticamente a nivel, llega al cortafuegos que volveremos a encontrar más abajo. En este punto, el paisaje nos ofrece una preciosa vista del valle, con la torre de Yuso asomando entre el arbolado y el municipio de Estollo al fondo. A partir de aquí, entramos en una zona mucho más soleada donde el pinar se hace dominante, aunque con árboles de menor porte; también aparecen s alteados cipreses y algunas encinas. Tras una pequeña vaguada, en la que distinguimos algún quejigo disperso, llegamos al punto de descenso.

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La ruta se inicia en la plazoleta que hay frente al acceso al monasterio de Yuso. Allí encontraremos un panel informativo con una fotografía aérea de los recorridos que podemos hacer, junto a diversos datos de interés sobre otros senderos de la zona. Una vez cruzada la plazoleta y la carretera, iniciamos el ascenso. Dejamos a la izquierda el cementerio y pasamos junto a las últimas construcciones del pueblo hasta llegar a la senda que nos conducirá al bosque. q /q Nos reciben los primeros pinos de buen porte y un roble quejigo aislado nos avisa de cuál es el árbol que domina el bosque de la ladera que tenemos frente a nosotros. Enseguida atravesamos un primer cruce, sin cambiar de dirección, poco después llegamos a otro en el que debemos tomar el camino de la derecha y ascender por un corto pero acusado repecho hasta internarnos en el pinar. El paisaje que nos rodea es un bosquete de pino negral o laricio (Pinus nigra) plantado en los años cincuenta. El ambiente es acogedor y la senda serpentea en suave ascenso. Por el camino es fácil observar algunos rebrotes de roble que, bajo la protección de los pinos, crecen para recuperar la vegetación natural del paraje. Otro repecho de poca dificultad nos lleva hasta un camino que cruza el bosque. El desvío de la derecha nos permite acceder al comienzo de otra ruta señalada el camino San Millán Villar de Torre. Nosotros seguimos el desvío de la izquierda y vamos poco a poco abandonando el pinar para adentrarnos en un robledal de quejigos (Quercus faginea). Este robledal presenta un sotobosque bien desarrollado, en el que podemos encontrar un importante número de especies arbustivas como el enebro, el bonetero y aligustre; también aparecen otros arbolitos como el arce campestre, el avellano y el cerezo silvestre. Abunda el brusco, arbustillo de bajo porte muy singular, ya que sus tallos se asemejan a hojas siempre verdes y con afilados pinchos, junto a los que aparecen, en otoño, los frutos en forma de brillantes bolas rojas. El musgo y las yedras que trepan por la cara norte de los robustos troncos de los robles nos indican que vamos entrando en la vaguada, cada vez más húmeda, y el ascenso nos conduce muy pronto hasta nuestro objetivo: el monasterio de Suso. Tras la visita al monumento, continuamos el paseo por el camino empedrado que desciende, dejando el monasterio a la derecha. Desde aquí se puede contemplar el quejigal que hemos dejado atrás y, por encima de él, entre rocas de conglomerado calizo, aparece un carrascal con encinas de buen porte que se asientan sobre suelos más pobres y difíciles de colonizar por otras especies menos rústicas que estos árboles. Por las traseras del monasterio nos acercamos a otra vaguada totalmente cubierta de grandes árboles. Nuestro regreso a Yuso discurrirá por este bosque; pero antes merece la pena desviarse por un camino que nace a la derecha y que enseguida nos conduce a una fuente de aguas claras y frescas, donde podemos refrescarnos en verano. Un estrecho portillo, en la cerca que limita el monte para evitar que el ganado penetre en el entorno monacal, lleva a una ancha pista forestal. Al poco de comenzar a caminar por la pista, encontramos una señal que nos ofrece dos alternativas para el descenso: de frente el camino Labardera, y la izquierda, el camino El Aidillo. Tomamos este último, que es el que baja más rápido y nos lleva a través de un frondoso robledal en el que crecen algunas juveniles hayas, cerezos, arces y avellanos que en otoño añaden su colorido rojizo y amarillento al ocre de los robles. En el sotobosque sorprende la gran abundancia del brusco. A la altura de un cortafuegos, el camino se junta con la otra variante. Volvemos de nuevo al bosque y, un poco más adelante, lo abandonamos de nuevo para tomar una curva a la derecha que nos lleva al primer cruce que encontramos en el camino de subida y, en apenas cinco minutos, a la plazoleta del monasterio de Yuso.

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