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Logroño nos despide augurando tormentas, pero la Sierra nos recibe, una hora después, desterrando la lluvia. Ventrosa ensaya la mejor de sus sonrisas para recibirnos junto al puente de la Hiedra. Aquí arriba, la piedra está comprometida con la naturaleza en un matrimonio permanente.

Instantes después, nos decidimos a recorrer las vetustas arterias de la villa. Nos percatamos de que hoy subiremos y bajaremos continuamente. Rozamos con los dedos de las manos los mil metros de altitud. El barrio alto es pretérito. Por encima de nosotros, en el 'castillo', vive una torre con un reloj de cuatro esferas. Dicen los vecinos que yace sobre el espíritu de una antigua fortaleza y que bajo esa tierra aguardan antiguos tesoros. Añaden que nadie ha tenido la insana valentía de emprender tamaña búsqueda.

Miramos ventanas ínfimas por las que difícilmente penetra el frío. Todo es pétreo y gris suave en primer plano. El horizonte del cuadro, en cambio, brota multicolor. Vislumbramos hojas de azafrán, escarlatas, castañas, naranjas y pistachos. El otoño riojano es intrépido por estos lares. Todos los que por aquí habitan comparten osadía. Dentro de unas semanas, cuando el invierno despierte, lo esperarán dos decenas de personas. Al amable verano lo reciben, sin embargo, unas seiscientas.

Hijos, sobrinos y nietos del pueblo. Nos dicen que las nuevas generaciones han recuperado viejas tradiciones, como la danza de la loba. Benditos reaccionarios, pensamos en justicia mientras nos detienen frente a un añejo Rollo que impartió lecciones de muerte. Damos la espalda al humilladero y seguimos venas pedregosas que asoman intactas en cualquier esquina. Observamos las que fueron no hace tanto enérgicas escuelas (1866). El edificio nos replica en presente con una mirada envejecida. Como la herrería y la lavandería. Sombras.

Puente de Hiedra (Ventrosa)

Ascendemos un poco más hacia la iglesia de San Pedro y San Pablo (siglo XVIII). Antes de alcanzarla, pisamos una alfombra de hojas, algunas crujientes, otras blanduzcas, y descubrimos un rostro anónimo que ha cuidado de este templo como si fuese suyo. En el interior, descansan un bello retablo renacentista y una pila bautismal del siglo XII. 

Nos explican con tristeza permanente la intensa trashumancia que partió de Ventrosa el siglo pasado. Bebemos de la Fuente del Emigrante. Chile absorbió gran parte de la vida de este lugar. En la Casa del Maestro, los objetos toman la palabra. Esquiladoras, zurrones y yugos; aventadoras y trillos; baúles y maletas. La ganadería, la agricultura y el éxodo. Nosotros también nos vamos. En el barrio bajo, nos despedimos de la orgullosa Bendosa (siglo X) por la arbolada calle del Valle.

Descendemos unos cien metros por el asfalto entre ganado vacuno, pastizales y bosques. En menos de cinco kilómetros, estamos abajo. Antiguamente Viniegra de Yuso,  primitivamente Lutia, esta villa pace entre la Sierra de la Demanda y el Camero Nuevo, acomodada en el paisaje, bebiendo del río Urbión. Cuarenta personas respiran este aire puro durante todo el año, un número significativo en este contexto geográfico. 

Nos cuentan historias de emigrantes que hicieron fortuna y retornaron dispuestos a compartir esplendor; relatos habituales en toda la Sierra. La escuela que donó Venancio Moreno, la fuente de los Cuatro Caños que construyó Andrés Ibáñez... Levantamos la vista hacia el Cerro de la Traición mientras escuchamos que allí arriba un general romano pudo castigar severamente a los hijos de los primeros pobladores. Algunos escudos muestran hoy brazos amputados sobre la piedra.

Casa de estilo indiano (Viniegra de Abajo)

El estilo indiano, virtuoso y ecléctico, nos recibe alrededor de la plaza de Argentina. Admiramos la conservación de las casas palaciegas, de las calles empedradas, de la naturalidad. La mampostería autóctona convive sin rasgaduras con el señorío americano. Abundan los bancos de piedra y huertas olvidadas por habitantes discontinuos.

Nos cuentan que monte arriba levita la ermita de Santiago, aunque nosotros conocemos en persona a la de La Soledad, más próxima. Visitamos la majestuosa casa de Enrique Villar. Él hace tiempo que no está, así que nos contentamos con admirar la fachada e imaginar el interior en tiempos lustrosos. La iglesia de la Asunción, del siglo XVI, nos saca los colores con su sillería rojiza. La atmósfera delata un pasado espléndido.

Paramos ahora en la casa de Irene. Ella sí está, así que entramos y nos dejamos hacer. Manos arriba, caparrones; abajo, menestras. Arriba, carrilleras; abajo, bacalao. Arriba, torrijas; arriba, natillas; abajo, la copa especial. Saciadas las dudas y ejercitadas las extremidades, bajamos entre calles en calma hasta la carretera. Y entonces empezamos a subir de nuevo. Algunas vacas nos contemplan con arrogancia, como si el asfalto, además del campo, también fuese suyo.

Estamos muy arriba (1.181 metros), entre las sierras de San Lorenzo y Urbión, y el cielo escupe sobre nosotros. Cruzamos el río Hormazal y nos escondemos en la ermita de Santa María Magdalena mientras escampa. Caminamos entre nogales y niños en bicicleta que guían nuestra ruta sobre puentes y entre arquitectura popular. En el collado de San Miguel, aseguran, hubo un asentamiento romano durante el siglo I.

Viniegra de Arriba

En apenas unas semanas, aquí no habrá más de una docena de personas. Durante unos meses, Viniegra de Arriba (de Suso) es solamente suyo. Dentro de la iglesia de la Asunción (siglo XV), nos convencemos de esa placidez invernal. Fuera, escuchamos el agua correr como si fuese conocimiento. La escuela cerró hace cincuenta años, pero todavía conserva retazos: pupitres, libros de estudio, ilustraciones didácticas, fotografías. Nos acompañan hijos y nietos de aquellos alumnos.

Paseamos por el barrio de San Vicente, donde una imagen del santo (1.794) duerme en un muro de piedra. El cielo azulea y la luz despierta a los llamadores. Nos fijamos en uno con forma de media luna (la casa de los Moros) que sobrevive al clima y la avaricia. Regresamos al mismo asfalto, los mismos árboles, las mismas vacas. Cruzamos en silencio Viniegra de Abajo apuntando hacia Logroño.

Una última parada. La misma que antiguamente cumplían caminantes, trashumantes, tratantes y comerciantes. La que hoy siguen honrando viajeros, cazadores, pescadores y senderistas. Junto al río Neila, cruce de caminos en el Alto Najerilla, la Venta de Goyo restituye estómagos y sueños desde principios del siglo XX. Un último bocado de alta montaña. Un último trago de agua serrana. Y un último vistazo mientras atardece y seguimos resbalando hacia la llanura. Allá abajo.

Texto: Sergio Cuesta

 

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La Reserva de la Biosfera de La Rioja es una amplia extensión que ocupa casi la cuarta parte de la superficie regional en la zona suroriental de la misma, con un territorio dotado de una homogeneidad geográfica, climática y paisajística de alto valor ambiental. Los Valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alhama fueron declarados Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO el 9 de Julio de 2003.

En esta zona de La Rioja, donde se suceden valles y montañas, se esconde un gran atractivo cultural, paisajístico, gastronómico y etnográfico. Los visitantes podrán descubrir cómo habitaban los antiguos celtíberos en las ruinas de Contrebia Leukade y su centro de interpretación. Pero en esta zona aún existieron habitantes más antiguos, los grandes dinosaurios, que dejaron sus huellas por doquier y que pueden visitarse en los yacimientos habilitados. También aprenderán mucho sobre estos fantásticos animales en el Centro de Interpretación de Igea y en en el Parque de paleoaventura El Barranco Perdido.

La visita cultural puede completarse con multitud de actividades de lo más variadas: minas, neveras, centros de interpretación, cuevas, iglesias y palacios que cada pequeño pueblo esconde para ofrecer al visitante una escapada única llena de experiencias.

Para reponer fuerzas, la gastronomía de la zona ofrece excelentes aceites, pudiendo visitarse los trujales en los que se elabora y también el tesoro micológico más preciado, las trufas, así como otras especies muy demandadas. La gastronomía de la zona, como corresponde a La Rioja es sencilla, sabrosa y abundante.

La naturaleza, por supuesto, es el plato fuerte de esta zona. Por ello ha sido declarada Reserva de la Biosfera. Una completa red de senderos le permitirá disfrutar  de estos paisajes, la flora y la fauna de la zona. En esta página podrá elegir un sendero a su gusto.

Y tras tanta actividad, lo mejor para relajarse es pasar por alguno de los balnearios de esta zona, tan rica en aguas termales que están indicadas para mejorar diferentes dolencias o simplemente disfrutar de sus altas temperaturas y sus propiedades desestresantes.

Si con todas estas actividades les sorprende el anochecer, no se preocupe, al contrario. Toda esta zona de La Rioja está considerada como Reserva Starlight por la calidad de sus cielos estrellados. Podrá seguir disfrutando de las estrellas para comenzar de nuevo al día siguiente. 

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Valle de Ocón

tipo de documento Artículos

El Valle de Ocón se encuentra situado a camino entre el Valle del Ebro y Sierra de la Hez, declarada por la UNESCO, Reserva Mundial de la Biosfera por toda la riqueza natural que ésta posee. Por lo tanto, nos encontramos con un paisaje de montaña de suaves pendientes entre los 700 y 1338 metros de altitud, lo que nos permitirá dominar buena parte del Ebro.

El municipio de Ocón situado entre La Rioja Media y Baja, a medio camino entre Logroño y Calahorra, se caracteriza por estar formado por seis pequeños pueblos que son: La Villa, Pipaona, Santa Lucía, Las Ruedas, Aldealobos y Los Molinos, más el despoblado de Oteruelo. Localidades todas ellas sin grandes transformaciones durante décadas, lo que les ha permitido mantener un genuino atractivo rural.

El rico patrimonio histórico, cultural y arqueológico, junto a la riqueza natural y paisajística permiten disfrutar al visitante de plena naturaleza, de maravillosas vistas, de zonas recreativa y de acampada, y de muchos modos y formas de vida tradicionales.

En los últimos años, esta zona rural se está dinamizando a través de la puesta en alza de todo el gran patrimonio histórico, cultural y arqueológico que posee. Es así, como se explica la restauración de casi todas las iglesias y ermitas de los pueblos, los campos de trabajo arqueológicos en Parpalinas, un yacimiento visigótico en plana fase de estudio. O el recientemente recuperado Molino de Viento harinero, el único existente y visitable en esta zona del Norte de España, y que como atestiguan los cientos de visitas que por el han pasado permite adentrarse en los entresijos de la molienda tradicional. Por todos estos encantos y otros muchos más, que no te desvelamos, y que descubrirás si te animas a visitar el Valle de Ocón, TE ESPERAMOS.

Naturaleza en el Valle de Ocón (PDF 663,72 KB).

 

Patrimonio en el Valle de Ocón (PDF 507,36 KB).                                                                       www.elvalledeocon.org

 

Descargar folleto del Valle de Ocón (PDF 115,62 KB).                                                           

 

Mapa del Valle de Ocón (PDF 1,896,76 KB).

 

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Disfruta de las expericencias que La Rioja te propone para este verano con actividades para todo los públicos y a cualquier hora del día, como visitas a viñedos y bodegas y experiencias alternativas en torno al mundo del vino, diferentes recorridos para disfrutar de La Rioja por el aire o múltiples actividades culturales-turísticas, con más de setenta y cinco propuestas vinculadas al ocio, vino, la cultura y la naturaleza.

¡Descúbrelas todas aquí!

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El otoño es un momento ideal para pasear por las sierras y los valles riojanos. Todo se tiñe de colores rojizos y amarillos gracias a los hayedos y las viñas. Si lo que te gusta es disfrutar del paisaje y la naturaleza te sugerimos algunos lugares especiales por su belleza, por su entorno o por la diversión que ofrece al visitante.

Para empezar, una visita imprescindible, el Parque Natural de Sierra Cebollera. Este parque se extiende por la sierra de Cameros y acoge en su interior curiosos paisajes, una ermita con tradiciones ancestrales como “las caridades” e incluso un parque de esculturas realizadas con elementos del paisaje. La mejor forma de empezar la visita al parque es acudir al Centro de Interpretación que se encuentra en Villoslada de Cameros. Allí conocerás la riqueza natural del parque, su flora, su fauna y todos los secretos que este entorno esconde.

Tras pasar por el Centro de Interpretación del Parque Natural, se puede optar por visitar otro Centro de Interpretación, el de la Trashumancia, que explica la importancia que esta práctica ganadera tuvo en esta zona de La Rioja o acercarse a la bonita localidad de Ortigosa de Cameros y visitar sus cuevas turísticas. ¡Intenta buscar un caniche entre sus estalactitas y estalagmitas!

También podéis pedir información en los centros de interpretación o en la Oficina de Turismo de Cameros para visitar un paraje natural único que se encuentra en esta zona: las cascadas de Puente Ra. El agua es el protagonista en este entorno. Lleva preparada la cámara porque todas las fotos que saques en esta zona serán candidatas para aparecer entre tus favoritas.

De vuelta hacia la capital, te sugerimos desviarte de la carretera principal, para visitar el Camero Viejo. Esta es una zona de la sierra más despoblada, pero que conserva todo el encanto de los pequeños pueblos serranos. La carretera gira en curvas, bordeando el magnífico cañón que forma el Río Leza. No te pierdas la subida al pueblo de Trevijano, colgado sobre el cañón, desde el que verás sobrevolar al buitre leonado. Puedes hacer una parada en la localidad de Soto de Cameros, de donde son originarios los famosos mazapanes de Soto que todos comemos por Navidad.

Pregunta a cualquier camerano qué son las almazuelas. Te llevarás una sorpresa de muchos colores.

Para completar la visita a los Cameros, te sugerimos un poco de turismo deportivo. Las posibilidades de esta zona son enormes: senderismo, bicicleta, 4x4, barrancos, espeleología, parapente… ¿Te atreves a probar?
 

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En  la vertiente Norte de la Sierra de Cebollera, en el alto valle del río Iregua, en la comarca del Camero Nuevo, a unos 50 kilómetros de Logroño por la carretera N-111. Tiene una extensión de 23.640 hectáreas que incluye los términos municipales de Villoslada de Cameros y Lumbreras, con las al deas de San Andrés y El Horcajo, con una población conjunta próxima a los 500 habitantes. La Sierra  de Cebollera es un enclave geológico privilegiado dentro del Sistema Ibérico, por las formaciones glaciares, los "hoyos", en altitudes superiores a los 2.000 metros. Por debajo de la alta montaña predominan los extensos bosques naturales de pino silvestre, haya y roble rebollo, con destacados valores ecológicos y paisajísticos en el curso de los arroyos de montaña, con saltos de agua y pequeñas cascadas en un entorno de bosque de ribera. 

Se trata de un paisaje que ha recuperado los bosques después de siglos de actividad intensa de la trashumancia en las tierras de Cameros. Una cultura tradicional que ha dejado su huella integrada en el nuevo paisaje a través de corrales, chozos pastoriles y las ermitas.

La línea de cumbres de la Sierra de Cebollera se localiza entre el Puerto de Santa Inés (1.753 m). y el Puerto de Piqueras (1.710 m), al Sur del Parque Natural: Castillo de Vinuesa (2.083 m.), Peñón de Santocenarrio (2.058 m.), Cebollera (2.164 m.), La Mesa (2.163 m.), Alto de Cueva Mayor (2,138 m.).

Además de los bosques de pinos, hayas y robles, hay otras especies más escasas y singulares que contribuyen a la biodiversidad de los paisajes de la Sierra de Cebollera: Abedulares, Pinares de pino negro, Acebedas, Robledales de roble albar. 

Entre la fauna del Parque, ligada a los hábitats de bosques y de alta montaña, hay que destacar a la perdiz pardilla ibérica y las rapaces forestales, además de corzos, ciervos y jabalíes. En los ríos, además de la trucha, se pueden encontrar la nutria, el pequeño desmán ibérico y el escaso visón europeo.

El Centro de Interpretación del Parque Natural, situado en Villoslada de Cameros, en el cruce de las carreteras a la Ermita de la Virgen de Lomos de Orios y a Montenegro de Cameros. Tiene una exposición permanente sobre las características más singulares del Parque Natural y ofrece información sobre los recursos y actividades programadas.

Se proyecta un audiovisual en una sala con capacidad para 25 personas, en el que se explica la evolución del paisaje a través de la historia, transformado por la actividad más importante que se ha desarrollado durante siglos en estas tierras de Cameros: la trashumancia.

Organiza actividades educativas por temporadas, y para escolares y grupos. Se ofrece información sobre la red de senderos del Parque Natural y las normas para la circulación de vehículos por las pistas forestales de uso restringido.

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Tiempo: 2,30h

Kilómetros: 24 km

Desnivel acumulado: 20 metros

Interés: Paisaje, medioambiental

Tipo de firme: pista

Época recomendada: Primavera y Otoño

Dificultad: baja

Agua: hay fuente en el área recreativa de la Reserva Natural

 

Descripción

 

Presentamos dos posibles rutas de bicicleta que comienzan en un mismo punto en direcciones opuestas para poder disfrutar de la visita a dos de lo Sotos de Alfaro.

  • Soto del Hormiguero: tomamos una calle ancha a la izquierda antes de llegar a la estación de ferrocarril, a final de esta calle un puente nos cruzará al otro lado de la vía y tomamos la primera a la izquierda pasando por unas tonelerías, continuamos entre fincas de frutales hasta llegar a otra bifurcación donde seguiremos a la izquierda dirección noroeste hasta que el camino gira noventa grados y acompaña al Ebro por la zona del soto de El Espeso, continuamos por la pista que acompaña al Río hasta una zona de refuerzos de piedra donde se encuentra el Soto de El Hormiguero, una vez disfrutado desandamos este tramo y cogemos la siguiente a la izquierda, una larga recta hacia el suroeste que acaba donde comienza la siguiente ruta.

 

  • Soto del Estajao: desde el cruce anterior tomamos la ruta de la derecha dirección nordeste, donde aparece al poco el área recreativa con fuente, pasada esta tomamos camino a la derecha hasta unos postes altos de nidificación, pasados estos tomamos un tramo a la izquierda para disfrutar del Soto El Estajao, luego retomamos el recorrido anterior para dirigirnos hacia el sur entre chopos. En el siguiente desvío tomamos la opción izquierda y de nuevo a la izquierda por un pequeño repecho que nos llevará virando a la derecha de nuevo hacia el punto de partida.

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Los Cameros

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Los Cameros, tierra de contrastes, parecen especialmente diseñados para aventureros y para los que buscan recodos de paz. Cameros Nuevo, cuyo corazón es el Parque Natural de Sierra Cebollera, es un vergel de robles y hayedos regados por el Iregua. Recorre sus numerosos caminos y descubre sus bosques. Posa tu mochila en sus acogedores alojamientos rurales.

El GR 93 entra en Cameros Nuevo por la localidad de Ortigosa, donde hay que visitar las cuevas de la Paz y de la Viña, acondicionadas para el turismo, con espectaculares formaciones de hace millones de años.

Y si quieres divertirte en el Club Náutico El Rasillo del embalse González Lacasa puedes hacer piragüismo o windsurf.

Camero Viejo se diferencia del Nuevo por su aridez y soledad, con impresionantes bancales abandonados llenos de matorral.

Disfruta del silencio en el sobrecogedor cañón del Río Leza. Asómate a sus “gargantas” entre Soto en Cameros y Leza del Río Leza y disfruta del vuelo de los buitres leonados entre sus espectaculares paredes rojizas. Practica el barranquismo. ¿Dónde mejor que aquí?

En Camero Viejo queda un reducido número de dehesas con encinas y robles utilizadas de forma comunal. Visita las localidades de Torre en Cameros y San Román de Cameros, prueba el famoso queso camerano y pregunta por ellas. Y aún te quedará mucho por descubrir, como los antiguos oficios de cestero o escriñero de San Román.

En el cauce del Jubera impresionan las rapaces sobre sus roquedos calizos. Desde el puente de Jubera podrás volar con el puenting.

Avistar águilas reales y perdiceras, buitres leonados, halcones o búhos es un espectáculo desde las Peñas de Iregua, Leza y Jubera. Completa tu aventura escalando la Peña Zapatero de Nieva de Cameros o la Peña Amarilla de Leza del Río Leza. ¿Qué quieres subir más aún? Parapente desde la cumbre de Zenzano en el cañón del Leza.                                                                                         

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Los buitres se confunden con el paisaje marrón del suroeste riojano. Entre romero y tomillo, las huellas de dinosaurios discurren desde el río Jubera hasta más allá del Cidacos, entre Enciso y sus aldeas. Síguelas y adéntrate en la otra Rioja, la de aguas medicinales y guiños celtíberos, árabes y romanos. Por si fuera poco, los ecosistemas privilegiados de sus valles le han valido la calificación de Reserva de la Biosfera.

El río Cidacos discurre encajonado hasta Arnedillo, donde puedes tomar un baño de aguas medicinales y observar de cerca con modernas cámaras a los carroñeros desde el Mirador del Buitre.

Toda esta zona tiene una especial concentración de aves. Abarca las Peñas de Arnedillo, Peñalmonte, Peña Isasa y las sierras de Alcarama y del río Alhama donde los escarpes calizos cobijan búhos y, sobre todo, buitres leonados. Una idea: súbete al pueblo abandonado de Turruncún, de misteriosa belleza, y disfruta de sus vuelos.

Te los encontrarás de cerca también en tus actividades de escalada, ya que sólo en Arnedillo hay más de 200 vías para subir. Y si aún no sabes trepar paredes, entrénate en los rocódromos públicos en Alfaro y Autol.

Este paisaje choca al sur con la Sierra de Alcarama, la más alta de la Rioja Baja, de 1.500 metros. Bajo ella, una alfombra arrugada de pequeños montes deja paso al río Alhama, “el caliente”, llamado así por los árabes debido a sus aguas medicinales. Este paisaje hace unos sugestivos juegos de luces y sombras con la caída del sol. ¿Un lugar para disfrutarlos? La interesante ciudad celtíbera de Contrebia Leukade.

El embalse del río Añamaza, precioso enclave escondido entre montes, merece un paseo para ser descubierto, lo mismo que su barranco de Fuentestrún del Cajo.

¿Árboles? En la Sierra de Yerga está el importante Carrascal de Villaroya, ideal para pasear entre robustas encinas y algún quejigo. Éste es un vergel en medio del paisaje de la zona, así como los robledales y los hayedos de la sierra de la Hez. Busca tú otros, a pie o en bici por los GR o por las vías verdes de Cebollera-Arnedillo y Cidacos.

Pregunta a los riojanos, te mostrarán otros muchos caminos. No te separes de los prismáticos ni tampoco de la lupa: la necesitarás para mirar las perfectas piritas cúbicas del yacimiento al aire libre de Navajún, el más importante del mundo.

www.nobilisbellator.com

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Si ha elegido La Rioja para pasar un fin de semana o si esta pensando en ello, ahí va una sugerencia para aprovechar su tiempo y conocer lo fundamental: 

Viernes:
Si llega a La Rioja el viernes por la tarde, visite la calle Laurel o San Juan en Logroño o la Calle de la Herradura en Haro. Probar las especialidades de cada bar, junto con el Rioja de la casa es la mejor forma de comenzar la visita a La Rioja y conocer la cultura del vino.

Sábado:
El sábado puede comenzar con una visita al Museo vivanco de la Cultura del Vino, situado en Briones. Aquí conocerá los métodos de elaboración, la fabricación de barricas, botellas, el transporte, los vinos del mundo, la historia del vino y, sobre todo, la amplia cultura que el vino ha producido en el mundo, desde los egipcios a modernos Picassos.

Tras esta visita, le sugerimos realizar un curso de Cata en el propio museo o en otros lugares por toda La Rioja: la Cofradía del Vino de Rioja, El Consejo Regulador, bodegas y asociaciones ofrecen estos cursos, algunos muy completos y con diplomas acreditativos.

Si lo que desea es conocer el proceso de elaboración más de cerca puede acercarse a una de las cien bodegas que abren sus puertas a público turístico. Conociendo su forma de elaboración y sus vinos, conseguirá disfrutar más de este producto riojano. 

Cuando haga su parada para comer, no dude en probar las chuletillas al sarmiento o las patatas con chorizo, platos típicos de la cocina riojana que puede degustarse en muchos de nuestros restaurantes y en algunas bodegas. También podrá descubrir la nueva cocina riojana, clásicos renovados que sorprenden en su presentación y satisfacen en sus sabores. 

Tras la comida, le recomendamos otra forma de conocer la cultura del vino, actividades entre viñedos: a pie, en bici, a caballo e incluso en piragua por el Ebro o en globo sobre los viñedos podrá usted conocer las diferentes variedades de uva y las estrictas normas que rigen la viticultura en la Denominación de Origen Rioja. 

Para terminar el día llévese un tesoro: una botella de Rioja especialmente elegida ahora que lo sabe todo sobre este vino mundialmente famoso o una bota de vino realizada a mano por un artesano riojano.

Domingo:
Para el domingo le sugerimos una visita cultural única: Los monasterios de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla, Patrimonio de la Humanidad. 

En el Monasterio de Suso, el más antiguo, situado entre montes, los eremitas del Medievo escribieron en sus scriptorium las primeras palabras en castellano.

El Monasterio de Yuso, más grande y rico, acoge en su interior el aula de la lengua castellana y una gran biblioteca única. 

De camino hacia San Millán pasará usted por Berceo, la localidad cuna de Gonzalo de Berceo, el primer poeta de la lengua castellana. 

Desde San Millán le recomendamos una visita a Santo Domingo de la Calzada. No deje de visitar su Catedral en la que podrá ver la tumba del santo y un gallinero ¡¡dentro de la propia iglesia!! Pregunte por el milagro del gallo y la gallina y descubrirá el por qué. No deje de pasear por sus calles y tómese un descanso en el Parador de Turismo, antiguo Hospital de peregrinos. 

Seguro que a su paso ve muchos lugares que merecen una parada, tómeselo con tiempo. Pare y disfrute del paisaje, de las gentes y de la hospitalidad riojana. Si no le da tiempo a hacerlo todo, no se preocupe, La Rioja está muy cerca y estaremos encantados de que vuelva. 

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Verduras en tempura

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Exquisitas verduras de la huerta riojana con un toque japonés.

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¿Te gustaría aprender a hacer iglús?,¿ser detective en el bosque y poder interpretar las huellas en la nieve para saber si son de corzo, de zorro o de garduña?, ¿Ser agricultor por un día, podar un viñedo y degustar a continuación un almuerzo típico riojano?

Estos son unos pocos ejemplos de la extensa oferta que La Rioja Turismo te propone como “Actividades de La Rioja en invierno”.

Entra y descubre un montón de experiencias que sólo pueden hacerse desde diciembre a marzo a partir de 2€.

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