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3er premio del concurso "La Rioja, en pocas palabras": El dulce mosto de los recuerdos

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3er premio del concurso "La Rioja, en pocas palabras": El dulce mosto de los recuerdos

3er premio del concurso "La Rioja, en pocas palabras": El dulce mosto de los recuerdos

Con motivo de la celebración del Año Europeo del Patrimonio Cultural, se convocó el Certamen de relatos cortos sobre cultura riojana “La Rioja, en pocas palabras”. Los relatos debían tener como tema genérico la cultura riojana así como tener una extensión mínima de 250 y máxima de 500 palabras. “El dulce mosto de los recuerdos”, de Alberto Rodríguez Guerrero obtuvo el tercer premio.

El dulce mosto de los recuerdos

Entre cepa y cepa me regala una historia. Qué hombre, no deja de hablar. Y ahí lo tienes, podando en mangas de camisa con el cierzo que se ha levantado esta tarde. No sé muy bien qué hago aquí, plantada en mitad de una viña y en compañía de este desconocido en vez de estar en mi casa haciendo fardelejos. La verdad es que es gracioso. Me acaba de contar una excursión que hizo con su mujer a Anguiano en la que comió unos caparrones que le dieron tantos gases que luego se pasó toda la tarde tirándose pedos mientras visitaban el pueblo. Pobre señora suya, la vergüenza que pasaría. Qué maestría tiene con la tijera, seguro que lleva haciéndolo toda la vida; deja las cepas preciosas. También me ha contado el día que estuvieron en Santo Domingo saludando a la famosa gallina y en Enciso viendo las huellas de los dinosaurios. Fueron con su nieta la pequeña —se ve que tiene varias—, que dice que es tan cabezota como su abuela. Me da pena que se hayan muerto, los dinosaurios quiero decir. Por lo menos sus huellas se han conservado en el tiempo, escritas en la roca. A mí me gustaría que mi huella también perdure, aunque sea solo como un pequeño arañazo en el corazón de alguna persona querida. También me ha prometido contarme una aventura que les pasó en las fiestas de Logroño, cuando se pasaron con el zurracapote, y el malentendido con un peregrino francés al que mandó en dirección contraria al darle indicaciones; esa promete. Huy madre, ahora se está arrancando con una historia que dice que es un poco verde, y también un poco más vieja. Me dice que estaban él y su mujer dando un paseo por una viña en Briones, comprobando si maduraban las uvas, y al ser sorprendidos por una tormenta de verano se tuvieron que refugiar en un guardaviñas que encontraron abierto... A ver por dónde va a salir. Madre mía, qué cochinadas me cuenta. Y mira cómo se ríe el picarón. El caso es que su cara me resulta tan familiar… Por Dios, Antonio, cómo me puede estar pasando esto a mí. Claro que ahora estoy aquí contigo, claro que me acuerdo de ti. No sé qué pasa dentro de este cerebro mío que se está quedando como el hollejo de las uvas, seco de tanto exprimirlo, sin el dulce mosto de los recuerdos. Anda, déjame llorar, que lo necesito. Y, por favor, prométeme que nunca vas a dejar de contarme estas historias, las que hemos vivido juntos en este terruño del que casi no hemos salido, pero en el que hemos sido tan felices. Nuestras historias.

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